Se anunciaba con un cencerro y gritando: "Ya llegó Sánchez Sánchez, ya llegó, cómo no, Sánchez Sánchez, se acabó el carbón." Armaba una mesilla, la cubría de "biblias pa los aleluyas y evangelios pa los mochos", en el suelo ponía las botellas del agua lustral, y frente a la mesa, en un banco dorado, colocaba con unción una gran piedra muy lavada, y arrancaba: -¡Gentecita que mestá escuchando y anda pacá y pallá sin qué ni cómo: arrimensén, agrupensén, asomensén a la piedra del milagro ¡Ah si, milagro pa su mecha, si señor! Del mero Jerusalén, el más grandísimo de todos los milagros. Asomensén, agrupensén. Esta piedra es la primera piedra, me la mandaron de Jerusalén aquí para ustedes, pa predicarles, ah sí, pos pa que otra cosa. Es aquella primera piedra, la mismísima fíjate tú, que nadien quiso, porque nadien la quiso ni se atrevió a aventársela a la pecadora, aquella santa mujer, busga que era un asco de porquería pero muy arrepentida. Que dijo nuestro señor: "ái a ver si hay algún pelao sin culpa, que le aviente la primera piedra". Pos aquí está, ya ni la busquen.

Ricardo Garibay

(Cómo se pasa la vida)

jack | Autores varios | 8 Enero, 4:00am

Dejar un comentario







Fuentes XML de comentario: RSS | Atom