Yo escribo para quienes no pueden leerme. Los de abajo, los que esperan desde hace siglos en la cola de la historia, no saben leer o no tienen con qué.

Cuando me viene el desánimo, me hace bien recordar una lección de dignidad del arte que recibí hace años, en un teatro de Asis, en Italia.

Habíamos ido con Helena a ver un espectáculo de pantomima, y no había nadie. Ella y yo éramos los únicos espectadores. Cuando se apagó la luz, se nos sumaron el acomodador y la boletera. Y, sin embargo, los actores, más numerosos que el público, trabajaron aquella noche como si estuvieran viviendo la gloria de un estreno a sala repleta.

Hicieron su tarea entregándose enteros, con todo, con alma y vida; y fue una maravilla. Nuestros aplausos retumbaron en la soledad de la sala.

Nosotros aplaudimos hasta despellejarnos las manos.

Eduardo Galeano

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jack | Autores varios | 12 Febrero, 4:27am
Lariroll, <E-Mail> / 20 Febrero, 7:25pm  
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Me parece un texto maravilloso que nos invita por medio del ejemplo de los actores, ha dar lo mejor cada dia de nuestra vida, hacer cada día lo más imposible y así aunque el espectador (o los espectadores) sean pocos, no importará, porque abremos dejado huella en su memoria con este ejemplo de dignidad... como en el arte.

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