Colaboradores

El comandante Castro leyó la lista de voluntarios, integrada por coroneles y generales del ejército cubano, quienes esperan instrucciones: -Los he reunido para una misión muy importante, de alcance continental, que iniciará en un país sudamericano-. Los militares aceptan sin dudar; excepto uno. Es el general Ocías, héroe del asalto a Santa Clara. La noche anterior soñó a un Cóndor que surcaba el cielo, proyectando su negrura sobre montañas, luego hombres danzando en medio de la oscuridad, quienes lo miran con ojos pétreos al tiempo que graznan, helándole la piel; mal augurio.

Años atrás, dormidos en medio de un bombardeo infernal en Sierra Maestra, imaginó matando un León a cuchilladas. Era el triunfo de la revolución cubana. Pero ahora es diferente. Sin disimular el miedo, Ocías cuenta su pesadilla al comandante Castro, quien escucha atento, comentando al final: -Seremos discretos con su negativa; no más-.

El general, en un último intento, pide entrevistarse con el jefe de la misión; quiere advertirle. Fidel le revela que el jefe es Ernesto Guevara, pretendiendo con esto sumarlo al grupo; pero fracasa. Ocías ahora esta cierto del poder de los sueños. Fidel ordena le consulten al Che, quien se niega a recibirlo. Luego del fiasco en El Congo, no se puede permitir debilidades.

Muchos meses después, en la quebrada del Yuro, caen los últimos generales y con ellos el comandante Guevara. Han realizado marchas alucinantes, a más de tres mil metros de altura, combatiendo al ejército boliviano. Mueren en territorio de Kun, el Cóndor; señor de los carroñeros, que vuela en círculos perfectos e infinitos.  

Jack

jack | Colaboradores | 8 Octubre, 7:25pm | 2 comentarios

- Dios es omnipotente y perfecto y el universo es infinito; si Dios lo conoce todo entonces es capaz de pensar en todo, incluido lo que yo pienso. Debido a que Dios es perfecto y conoce todo, debe crear lo que yo pienso. Yo puedo imaginar un infinito número de mundos parecidos a la tierra, con un jardín del Edén en cada uno. En todos esos jardines la mitad de los Adanes y Evas no comerán del fruto del conocimiento y la otra mitad lo hará; de esta manera un infinito número de mundos caerá en desgracia y habrá un infinito número de crucifixiones. De aquí puede haber un único Jesús que irá de mundo en mundo o un infinito número de Jesuses. Si hay un solo Jesús la visita a un número infinito de mundos tomará una infinita cantidad de tiempo, de este modo debe haber un infinito número de Jesucristos creados por Dios.

Mocinego escucha atento las ideas de Giordano Bruno, quien no sospecha la intención de su mecenas: entregarlo a la inquisición. Semanas atrás Giordano se burló de Mocinego y su necio afán por saber cómo controlar la mente humana. Al día siguiente es apresado; el cargo: blasfemia, herejía e inmoralidad. Ocho años de prisión y su negativa a retractarse, obliga al Papa Clemente VIII a sentenciarlo a la hoguera.

El 17 de febrero de 1600, en acto público, es declarado herético, impenitente, pertinaz y obstinado. Lo amarran a una viga. No escucha la sentencia ni los insultos de la multitud. Bruno elucubra sobre un número infinito de Giordanos que morirán por fuego en un número infinito de mundos. El crepitar de las llamas lo devuelve a la pira. Muere sin miedo, con una sonrisa en el rostro. Al instante, en el medio de un infinito número de hogueras, surgen un número infinito de mártires; poblando el universo.

 Jack 

jack | Colaboradores | 15 Septiembre, 4:02pm | Comentar acerca de esto

... escribiré en la parte baja de tu espalda la frase secreta, la primera palabra dicha por vos a media luz, rodeados por cortinas imbatibles, persianas a prueba de cualquier sol, proclama o vaticinio. ¿Y el mañana? No importa, te irás en el primer autobús por la ruta acostumbrada. Yo me quedaré recreando tu silueta en la memoria de mis manos. Cuando la luz del sol te alcance será inútil cualquier duda; porque ya no habrá ninguna. Habitaré cada poro de tu piel, cada parte de tu cuerpo. Antes que amanezca repetiré como un mantra la frase secreta, la primera palabra murmurada.

En casa te esperan el escándalo de los vecinos y el buzón atiborrado con mensajes, ofreciendo paquetes para tu luna de miel por Europa; la que tanto soñaste. ¿Recomendaciones? Realiza dos fotografías por cada lugar que te guste: París, Roma o Madrid; una con tu esposo y otra sola, por aquello de las malditas dudas. Te recomiendo hagas una bitácora, es buen ejercicio y lo sabes, no en vano me repites: “vale más una pálida tinta, que una brillante memoria”.

Yo seguiré dando saltos al vacío, tú me conoces. No me invites a tu boda porque no iré, y no es por vos, es por mi fobia a las multitudes, porque sé reunirás a muchas personas que te quieren bien, y querrán compartir con vos tanta felicidad.

Cuando vuelvas búscame. Yo no lo haré y no es por soberbia, es simple: cuando salto al vacío rara vez adivino dónde caeré; así llegué a vos. Y si no quieres buscarme lo entenderé, la danza de la realidad se hará cargo de unirnos luego en una noche eterna, en una habitación, sitiados por cortinas a prueba de soles y fantasmas.

Jack

jack | Colaboradores | 12 Septiembre, 8:06am | 1 comentarios

Juan se prepara la quinta bebida. No hay quien sirva a un personaje tan apocado, chaparro y regordete. Juan, un hombre que fue y que ahora ya no es más; político de altos vuelos. Sólo la botella de Red Label le acompaña. Deja caer dos hielos en el vaso, luego whisky; por último agua mineral. No falta mucho para la transformación. En minutos el cuerpo de Juan será invadido por Johny “El Loco Escocés” Walker. Juan bebe aprisa. Una sed incontrolable hace que de golpe consuma la mitad del líquido. El último trago lo guarda en la boca, deja que el whisky se meta entre sus dientes, invada el paladar y moje la encía negruzca. Ahora sólo segundos separan a Juan de John; y entonces… sucede.  

 - Yo no soy hombre de política; soy la política… Hace años mi gestión dejó obras que hoy se pueden palpar… No me enriquecí; hice lo que la gente me pidió, porque para eso estoy; para servir a la gente… Volveré por la presidencia; la gente me lo pide… Dejé obras terminadas en su primera etapa; nada de elefantes blancos… Logré bajar recursos por millones de pesos… Yo, en obra pública, soy mucha verga.

John tiene ahora la mirada distinta, seguro de si mismo. Su voz es diferente a la de Juan, apenas unos segundos atrás temblorosa y apagada. John habla con autoridad. No lo distrae nada, ni siquiera un grupo de comediantes y su patético espectáculo. –Yo volveré, y tú vas a acompañarme en esta nueva empresa. Tu futuro conmigo será no sólo monetario, tendrás el reconocimiento de la gente; posición política-. John, con un movimiento de su mano izquierda, ordena  le preparen otra bebida. Los meseros no ven la señal, atienden afanosos a un nutrido grupo de empresarios, quienes gastan a manos llenas las utilidades de la semana. Ellos son quienes realmente mandan; los dueños del poder.

Jack

jack | Colaboradores | 3 Septiembre, 9:31pm | 3 comentarios

Antes que nada debo advertirle a todo aquel interesado que ser un Emo es algo complejo. Comentan agudísimos especialistas que el integrante de alguna tribu urbana no se hace, nace. De esto se infiere que se corre el riesgo de ser una burda copia; un pinchemo. Hecha la aclaración, continúo. Se necesita dejar que el cabello crezca hasta cubrir parte del rostro, maquillaje, escuchar cierta música, vestir atuendos oscuros y ser de complexión delgada. Claro, en un país donde habemos un gran porcentaje de obesos, puede representar un obstáculo. Por último, y de vital importancia: se necesita una filosofía.

Ahora bien, pertenecer a una tribu urbana no es tan complicado, con darse de alta en Hacienda y Crédito Público de su localidad usted obtendrá las mismas características de un emo, darketo, punketo; y todos los “etos” que se le ocurran. Si usted pertenece a las estoicas filas de contribuyentes bien podría llamarse contribuyeto. Su filosofía estará cimentada en el IETU, que será como un largo canto, un lamento y depresión profunda. Igual sentirá pena por el mundo y lamentará tanta estupidez del ser humano, pero algo es seguro: no estará solo.

Las manifestaciones públicas serán cubiertas por televisoras, radiodifusoras, diarios locales, nacionales e internacionales. Ya no necesitará sólo firmas y amparos, usted tendrá presencia en los medios. Una presencia que envidiará cualquier político. Y si somos optimistas, surgirán nuevas hordas: los puñetos, borrachetos, feminetas, contadoretos, webmastetos, plastiquetos, marimbetos, escritoretos, mamonetos, gorronetos; y así, hasta el infinito. Las nuevas tribus urbanas.

Jack

jack | Colaboradores | 1 Agosto, 6:12pm | 2 comentarios

En un rincón, húmedo y oscuro, en una casa donde ella alguna vez fue muy importante, hay una almohada que no puede dormir. Es una almohada vieja y tiene demasiadas cosas en qué pensar. Eso la distrae. Por eso no puede dormir.    

Piensa, a veces, por ejemplo, en el sueño de aquella cabeza anciana, que cada noche ponía en la pantalla de sus deseos, es decir, en sus sueños, un hospital para los pájaros heridos, un hotel de descanso para los perros callejeros, una clínica para los corazones tristes, un restaurante con comidas gratis para todos.    

La almohada, a la que se le sale la borra por un costado, piensa también en la cabeza del señor que soñaba con bancos, reuniones, autos veloces, facturas por pagar, cigarros, copas y un reloj que parecía dirigir su vida.    

Y a veces recuerda a la mujer que casi no soñaba, que dejaba caer el peso de su cabeza sólo para dormir y mascullaba: Y mañana al mercado, luego por mi hija a la escuela y limpiar y lavar y hacer la comida, y comprar esto y aquello y volver a limpiar y a barrer y a lavar…    

En ocasiones la almohada detiene por largo rato su pensamiento en la cabeza de un niño que durmió sobre ella y transformó el cuarto en un jardín de rosas azules, en una cascada de fuegos fatuos donde se bañaban los unicornios, en un mar de pétalos, en una convención de arco iris, en una montaña de risas de gatos invisibles y en muchas otras fantasías, que son las realidad de los sueños.    

El recuerdo que más la pone triste es cuando el niño, ya joven, ya adulto, dijo a su mamá: Ya no quiero esta almohada, está muy vieja y tiene tantos sueños dentro, que sueña por su cuenta sueños cursis.    

Y repasa día tras día, noche tras noche, los más hermosos sueños que durmieron sobre ella; de entre todos evoca éste: un camino ancho y largo, larguísimo y anchísimo, donde van muchos seres humanos de todos los colores, de todas las creencias, de todas las edades, de todas las lenguas, con las manos enlazadas.    

Y la almohada recuerda que la dejaron en este rincón húmedo, donde comparte el espacio con juguetes rotos, papeles amarillentos, trastos inservibles. Y no puede dormir porque sabe que más tarde o más temprano llegarán por ella y la llevarán, quién sabe adónde, y ya no podrá recordar sus sueños favoritos, ni podrá  prestar su pancita para que alguien sueñe nuevos sueños.

 

Héctor Cortés Mandujano

jack | Colaboradores | 10 Septiembre, 11:38am | Comentar acerca de esto

Sentada frente a esta máquina, vacía y triste, lo único que la llena eres tú. Es un saludo, un te amo; es un te extraño. Veo tu foto y tu sonrisa; hace ya más de 24 horas que estoy sin tì. ¿Sabes? no estoy cortándome las venas ni desesperada, tampoco he llorado pero... ¡cuanto te extraño! Necesito tus palabras, tu presencia. Hace una semana que no te veo, una semana en la que no he sentido tu respiración junto a la mía; días sin que tus labios toquen mi boca y hagan erizarme la piel, sin sentir tu cálida sonrisa iluminando de felicidad mi mundo. Cientos de horas sin tu mirada tierna recordándome que la vida tiene momentos bellos, infinitos minutos sin que tus brazos fuertes me rodeen y me estremezca, sin que tus manos recorran mi cuerpo ansioso de tì. Te extraña mi mente, mis labios, mi corazón, ojos; mi cuerpo. Hace más, mucho más de 24 horas que no sé de ti, y me he dado cuenta de lo que siento, de lo que soy; del error que cometí al asesinarte.

 

Iris Idalia Hernández

jack | Colaboradores | 7 Septiembre, 7:59am | 1 comentarios

Al gobernador electo de Chiapas Pablo Salazar Mendiguchía, al otro día de las elecciones fue a verlo un médico que se decía amigo de él, pero que nunca dio la cara durante la campaña, por el contrario, se le sabía en la "casa de enfrente". Este galeno en cuanto supo del triunfo aliancista, se coló entre los que fueron a visitarlo y en cuanto pudo lo abrazó, manifestando su más ferviente felicitación, repitiendo:

-Ya ganamos, Pablo. Ya ganamos, ya sos gobernador.

-Así es. Así es- Dijo el candidato ganador, exhausto del esfuerzo realizado en los últimos días. Dando la mano y abrazando a todos los que llegaban de corazón o impulsados por la clásica cargada.

Aquel médico, que no lo soltaba de un brazo, se le pegó para susurrarle al oído:

-Hermano, quiero que cuando menos me des la dirección del ISSTECH, por favor.- Salazar, medio en broma, pero también medio en serio, ante tanta insistencia, le dijo:

-Como no, está en el Libramiento Norte y Calzada 24 de Junio.- Y siguió atendiendo a los demás chiapanecos que querían saludarlo.

Alfredo Palacios

(Minihistorias del poder y el pueblo) 

jack | Colaboradores | 10 Julio, 7:28am | Comentar acerca de esto

El licenciado Enrique Lara, el famoso Panyú, quien fuera diputado y orador en época del gobierno de Efraín Aranda Osorio, fue famoso por ser enamorado y poseedor de una voz fuerte y gruesa. Con frecuencia visitaba el Íntimo de Emma Luna o el cabaret de María Jedionda, los dos únicos centros que existían contra la tristeza con mujeres de la vida galante, en los años cincuenta. A uno de estos, en que el lugar estaba silencioso porque había poca clientela, llegó una noche diciendo con vos estentórea.

-¡Buenas noches, bellas damas de la oscuridad de este alegre centro que aleja la tiricia y nos llena el alma de muchas ganas de vivir! ¡Llegó su querido Panyú, esta noche no podré gozar de sus caricias porque ahora le toca a la Ame, para que mañana amanezca chiflando cual Jilguerito! ¡Ay, ay, yay! ¡Y sírvanme bien porque soy sus padre, cabrones!

Alfredo Palacios

(Minihistorias del poder y del pueblo)

jack | Colaboradores | 5 Julio, 1:26pm | Comentar acerca de esto

Y entonces el primer curso de diplomacia fue inaugurado cuando Judas, con discreto beso en la mejilla, comerció al maestro.

Óscar Palacios

(cuentos y recuentos)

 

jack | Colaboradores | 4 Julio, 1:19pm | Comentar acerca de esto

 

Una mañana de febrero de 2006 en la oficina, se me acerco con cara de alarma "R", compañera de trabajo, para decirme en tono lapidatorio:

-Jefe, ¿sabía usted que en estos días está anunciado que el mundo se va a acabar?-

¡Sóbate! Uno que no está acostumbrado a este tipo de noticias tan ligeritas, se me indigestó rápidamente sin haber desayunado. Iba a soltarle una "filípica" cuando agregó:

-¡Se lo juro! Lo dijeron en la televisión hace días unas adivinas, de esas chingonas que predicen el futuro ¡De verdad!

Ante tal argumento no me quedó más que rendirme, y entonces le pregunté qué era lo que opinaba al respecto, digo, sin afán de burlarme, intentando de la manera más sabia un ejercicio matutino de gimnasia mental. "R" fijó su vista en algún punto de mi escritorio, respiró profundo, se acomodó en la silla y dijo, con ingenuo alivio:

-Pues miré, se acabarán mis deudas. Ya no voy a deber en Fábricas de Francia, ni en Electra, ni a...

Y se siguió haciendo un recuento de las cosas que ya no le preocuparían. Ese día aprendí algo más sobre los "mundos posibles" y los "mundos emergentes", quedándome claro que las teorías de salón, los agudos estudios sobre la expansión y contracción del universo, amén de la física cuántica y los "mundos paralelos" valieron madre ante la teoría de "R", a quien le urgía desaparecer "su mundo" y escapar adonde fuera posible. Ni hablar. Un candor de mujer.

Jack

 

 

Mi andar por la plaza central me ha permitido ser testigo de la implementación de un nuevo programa de asistencia social; su nombre: Amanecer. Dicho programa otorga 500 pesos a personas de la "tercera edad" que acrediten ser mayores de 65 años. Una cantidad que está planeada como "pensión" para aquellos que no lo tienen.

Pues bien, sucedió lo que muchos adivinaron pero nadie se atrevió a cuestionar: Un trato poco digno. El saldo: Ancianos extraviados, desmayados, fracturados; caídas que laceraron rodillas, codos y quijadas, además de agresiones físicas y verbales entre ancianos y asaltos a una cuadra del Palacio de Gobierno; en fin, condiciones mínimas para atender a más de un millar de personas por día (y creo que me quedo corto) quienes se dieron cita buscando el beneficio gubernamental (sin mencionar otras linduras que de acordarme me dan tristeza). ¿El costo - beneficio? Tardaremos en saberlo.

La pregunta es: ¿Cuánto tiempo tendrá que pasar para entender que la solución no es "regalar" sino crear las condiciones laborales que sean el cimiento de una sociedad más justa y equitativa en el reparto natural de sus riquezas? En honor a la verdad no es tan difícil, pero el negocio que se esconde atrás de estos programas es más poderoso.

Me viene a la memoria lo sucedido en Santiago de Chile, a principios de los setentas. En las promesas de campaña, un señor de apellido Frei tenía como "slogan": Conmigo los niños pobres tendrán zapatos. La gente, entendiendo que esa no era la solución, fue más allá, pintando debajo de los carteles: Con Allende no habrá niños pobres. Salvador Allende ganó las elecciones y meses después murió a manos de sus  militares en un triste golpe de estado.

FRANCOTIRADOR

 

La Chola es mi compañera en estos andares culturales en la plaza central. Amén de ser una chica con una belleza peculiar, goza de un lenguaje más que florido, con giros idiomáticos que rayan en lo surrealista. Hace ya días que no deja de hablar ni un minuto del "D". Dice que es un chico guapo y que a ella le gusta porque es tierno. Una tarde, cuando la marimba Al pie del Cañon tocaba Soy buen tuxtleco, volteó a verme para preguntar, con la energía que le dan 22 años cumplidos: -Oí vos verga, ¿no me veré muy zorra si le escribo un mensaje al "D" para invitarlo al antro?- Apenas me recuperaba de la descarga, cuando agregó: -Ya le marqué a su cel pero no contesta, ¿qué hago? Ya pues, dime. Sólo recuerdo que la animé a continuar con su empeño sobre los huesos del mentado "D".

Anteayer llegó a la oficina para decirme con cara de asombro: -El sábado fui a una fiesta ¿y a quién crees que ví? ¡Al "D" abrazado de una pinche vieja güey!- Me preparé para una descarga de fuego verbal: -Y mira, si estuviera mejor que yo lo paso pero, no mames, está bien jodida, porque una sabe reconocer cuando otra chica está mejor o es un cuero y uno dice uta, ni pedo, pero esa vieja güey, no mames! Entonces se puso de pie, posando a una cámara imaginaria, interrogándome: -¿Tú cómo me ves?... La neta-.

Se supone que en estos casos uno se despepite en elogios pero no, no fue mi caso. Solo me limité a verla al tiempo que sentía cómo nuevas arrugas se marcaban en mi frente. Me sentí viejo ante tanta luz, tanto poder que nunca había experimentado y sí, me sentí mayor; anciano a mis 33. Antes de esto, para consolarme, repetía que no era ni viejo ni joven; simplemente experto... ¿Pero experto de qué? Cuando regresé a mi casa fui directo al espejo y descubrí que ya faltaban cabellos en mi frente, y que alrededor de los ojos había arrugas y piel reseca, sin la vitalidad de La Chola quien, avasallante, me había ubicado de golpe en el contexto de mi propia historia: más cerca de la muerte.

Hugo Antonio Montaño López

 

jack | Colaboradores, Cómo se pasa la vida | 12 Marzo, 10:46am | 2 comentarios

Dios a veces existe y a veces no, todo depende del cristal o la fe con que se mire. Hace unos cuantos domingos llegamos puntuales a nuestra cita cultural en la plaza central. Saludamos a los amigos de siempre y caminamos alrededor del escenario sin percatarnos que una pequeña bolsa se encontraba tirada a centímetros del equipo de sonido. Hacíamos bromas de que sólo unos dementes como nosotros trabajábamos en un día que hasta dios eligió como descanso cuando, agotado, terminó de hacer el cielo, los mares y la tierra.

Una señora se acercó hacia nosotros, se agachó y levanto la pequeña bolsa, nos vio un poco extrañada diciendo: -¿Es de alguno de ustedes este dinero?- Cruzamos miradas cómplices y segundos después, al unísono respondimos con cara de idiotas en día domingo: ¿Dinero?. Entonces abrió el envoltorio que reveló una cantidad considerable de billetes, que a más de uno le habría quitado de apuros. Lo guardó al tiempo que nos decía mirando hacia catedral: -Bueno, como esto no es de ninguno, entonces lo entregaré a la iglesia-. Esta vez cruzamos  miradas que decían: "¡dorminos cachetona pa' que te soñemos!". El gordo contraatacó diciendo sin tapujos: -Señito, lo va usté a dar a los más ladrones que existen!-. Ella se le quedó viendo, furiosa. Se dio media vuelta y caminó con rumbo a catedral, mientras que el resto, por tercera vez, cruzamos miradas pero contra el gordo. El meco dijo en perfecto zoque: -¡Idiay vos salado! ¡Lo cagoteaste todo! ¡Orita esa tu mera madre se adestar riendo! ¡Merito en tu carota restregó el dinero, jodido!-

Después de las risas vino el silencio, segundos después reiniciamos la preparación del foro, callados, tratando tácitamente de entender cómo a veces dios juega a los dados de extraña manera, pone pruebas y la falta de atención nos hace ciegos, tanto, que no vimos  nuestro "domingo" y lo despreciamos irremediablemente... carajo.

Hugo Antonio Montaño López

 

He tenido el gusto de asistir a la plaza central diariamente durante más de un mes, y lo he visto como nunca. En él deambulan personajes que siempre aparecen con la precisión de un reloj para vivir como sólo ellos saben: Locos. Saltan al ritmo de las campanas de catedral, corren y se esconden de seres invisibles o se sientan tranquilamente a platicar de lo "fuerte" que está el calor o de lo "dura" que es la pinche vida. Luego se ríen a carcajadas, insultan molestos a quien se atraviese para regresar en minutos y preguntar si no de casualidad te sobra alguna moneda que "regalés".

Entonces, con la agudeza y claridad que me dan dos tarjetas de crédito bancario, cuatro  departamentales, dos celulares, un sueldo regular en el gobierno del estado, además de  credencial de elector y CURP, pregunto:¿Quien está realmente loco? ¿Quién es gente normal?

Por ejemplo, una mañana de un día cualquiera, suena uno de mis dos celulares y escucho una voz con acento chilango que me recrimina la falta de pago de X tarjeta, luego me intimida con eso de los intereses y realmente me asusto y le digo que no tuve tiempo de ver los estados de cuenta. A media conversación me percato que estoy confesándome con un cabrón que no conoce mi quehacer como hombre normal que va a la oficina de ocho a cuatro, toma un espacio para comer y a las cinco, puntual, llega a la plaza central. Espera al grupo en cuestión. Inicia un foro cultural después de arriada la bandera nacional y se aguanta las ganas de bailar, evitando por supuesto charlar sobre el calor, lo cara que está la pinche vida o reír imbécilmente de la llamada en la mañana porque sin darme cuenta se ha ido otro día sin depositar a X banco.

En fin, un hombre normal que simula sentirse a la medida de su cartera.

Hugo Antonio Montaño López

 

Llegó a la oficina con los ojos llorosos y el labio encostrado.

-¿Te golpeó de nuevo el puto de tu marido, verdad? –preguntó la amiga acercándose a intentar curar la herida.

-No. Fue la Malena, yo le dije que no tenía ganas pero ella insistió en que debíamos pasar la noche juntas.

Cynthia

(inédito)

jack | Colaboradores | 27 Febrero, 6:28am | Comentar acerca de esto

Una lata de cerveza con huellas de lápiz labial sobre la alfombra, hacia el penoso mediodía, era el recuerdo solitario de quien me había dejado ya sin decirlo.

José Martínez Torres

(La flecha en el aire)

jack | Colaboradores | 29 Enero, 1:03pm | Comentar acerca de esto

Conocí a un elefante que se enamoró de un ruiseñor, perdió peso, no dormía y, al final, murió de un ataque cardíaco. Los que nada saben de la naturaleza del elefante han dicho que era un tonto

Zbigniew Herbert (1924-1998)

http://www.textosentido.org

 

jack | Colaboradores | 5 Diciembre, 10:53am | Comentar acerca de esto

Hay mamíferos en mi jardín. Es una fiesta de pelajes y hocicos que se encuentran y se lamen unos a otros, mientras yo preparo mi desayuno o saco libros de mi maleta.

Se alimentan con hojas espontáneas de llantén y algunas hierbas que yo uso para infusiones (la hierba luisa y su textura filosa a lastimado a más de uno); todos tienen el aliento tan agradable, que a veces me acerco también a lamerlos.

Cada tarde, los mamíferos de mi jardín, imaginan como sería tener alitas de cuculí y hasta dónde podrían alzar vuelo, sin caer traicionados por su propio peso, o peor aún, conseguir solo un aleteo grotesco, como de gallina. Esa idea si les quita todo ánimo, no sé por qué su alta susceptibilidad al deseo de tener alas.

En cada ocasión llevé un pez. Lo retiré del recipiente con agua salada que lo mantenía vivo y tomando su cuerpo con ambas manos, lo dejé en medio del jardín. Al instante, todos los mamíferos hicieron un círculo alrededor suyo, sin acercarse demasiado lo observaron con interés; nunca habían visto un animal como ése, cuyo brillo plateado era la luz de la noche. lo dejé ahí, y juntos lo vimos saltar y agitar su torpe cabeza sin cuello.

Lisby Ocaña

http://www.revista-papalotzi.blogspot.com

 

jack | Colaboradores | 29 Noviembre, 12:27pm | 1 comentarios

En un pueblo no muy lejano, vivía en una choza una persona de edad avanzada, triste y solitaria que perdió lo que era todo su tesoro; la familia.

Ahí, en cada atardecer al pie de un árbol se ponía a pensar ¿cuándo será el fin de los días? Meditaba: "nunca llegará el fin de los días, lo que llegará es el fin de mi vida". El ayer es el presente y el presente será el mañana.

Hoy mismo donde el anciano especulaba, un niño se pregunta: ¿Es que acaso nunca llegará el fin de los días?

Juan Antonio

http://www.revista-papalotzi.blogspot.com

jack | Colaboradores | 29 Noviembre, 7:48am | Comentar acerca de esto

Requerimos su colaboración para localizar urgentemente una fuente que se ubicaba en los linderos del deportivo "cañahueca". Se le vio por última vez el viernes cuatro de marzo en su lugar. Rasgos físicos: tez blanca, complexión robusta, altura se desconoce, edad mucha pero no tanta, portaba unas enormes orejas o garrafal sonrisa (hasta la fecha se desconoce que era). Padece de sus facultades mentales (tanto la fuente como el que se la llevó).

Habrá recompensa: quien la encuentre será alcalde de la ciudad.

http://www.lajeringa.tk

 

jack | Colaboradores | 29 Noviembre, 7:29am | Comentar acerca de esto

... niño de la calle (con todo y calle), inicie su propio negocio y realice sus ansiados sueños. Tenemos malabaristas, tragafuegos, payasuelos, limpiaparabrisas y pisavidrios. Tenemos en: diana cazadora, crucero de chedraui, fuente mactumatzá, novena sur y cada esquina con semáforo de esta ciudad. APROVECHE.

http://www.lajeringa.tk

 

 

jack | Colaboradores | 29 Noviembre, 7:18am | Comentar acerca de esto

Una vez un señor subió a la luna. Le llamaron los bomberos y le dijeron que se bajara pero el señor no quiso bajar y dijo que ahí quería dormir, y después de muchos días le dijeron que se bajara y se bajó porque si no se iba a caer.

Alonso Daniel Cárdenas Díaz

(nació el 24 de febrero del 2000)

http://www.revista-papalotzi.blogspot.com

jack | Colaboradores | 29 Noviembre, 7:03am | Comentar acerca de esto

A Vicente Saldívar 

Ahí está, tendida sobre la cama, desnuda, como si no le importara nada, excepto, que él la vea con ese tono de importancia que le dan sus ojos. Ella cambia de postura, flexiona la pierna dejando al descubierto los muslos. Se cubre con la sábana y se tiende boca arriba, el campeón no tiene que adivinar, todo se deja ver en una fantástica visión, sus senos se dibujan y luego sigue el vientre cayendo hasta el lago oscuro de la entrepierna.

Ella está de pie frente al campeón. El la mira esbelta y joven y bonita, pero también frágil, misteriosa, frívola. Está delante del campeón, casi intocable y siempre inocente y presente para concederle toda la desnudez pura de su cuerpo. Cuerpo bellísimo. Esplendoroso y eterno. porque todo, incluyendo los ojos del campeón se funden en ella. Camiba lentamente por los espacios del reducido cuarto. Anda en círculo, se vuelve a detener. Inmovilidad perfecta; el campeón ve su boca llena, el oscuro color de sus ojos inagotables, de su pierna levemente flexionada. Entonces el campeón del mundo se quita la ropa y se lanza dispuesto a poseerla. Se escuchan unos fuertes golpes en la puerta del cuarto seguidos por unos llamados angustiosos.

- ¡Mi campeón, te dije que no más miraras. No toques mi campeón, no toques, con la zurda no. No te dejes tentar por la calentura! Mi campeón, hazme caso, abre la puerta, no seas buey, mañana defiendes tu corona, nos van a chingar! ¡Campeón... campeón!

Ricardo Ramírez D'Gyves

(2° Festival de escritores chiapanecos Jaime Sabines)

jack | Colaboradores | 29 Noviembre, 6:43am | Comentar acerca de esto

No son ocho, son sólo dos.

No son osos, no son bolos, no son lobos, no son sol.

No son zorros, no son codos, no son porros, no son col.

No son focos, no son globos, no son polos, no son són.

Sólo son dos ojos, dos ojos solo son.

Dos ojos tontos, locos, rojos.

Son ojos rojos, rojos por vos.

Carlos Prieto

jack | Colaboradores | 31 Octubre, 7:31am | Comentar acerca de esto

Aquí estoy de nuevo, pensándote. Queriendo fumar un cigarro y doliéndome la garganta. Llevo ratos queriendo decir algo, ¿Cómo ha estado? ¿Vendrá el próximo año? Algo aprieta en mi garganta. Supe que se había ido en el mismo edificio donde lo conocí. Lo supe en una tarde-noche de lluvia como aquella cuando me dio la primera regañada y donde me dijo que si tenía huevos iba a regresar a su taller, y que quedara claro que las mujeres los tenían. ¿Cómo decirte que te extraño? ¿Ponerme a llorar? No puedo cuando sé que estás ahí, que arrugas las cejas y te encabronas, cuando te veo con esa mirada que me dice que me ponga a escribir. Los amigos hablan de Las laminitas y no niego que el impulso sigue latente para un buen trago. Lo recuerdo así “Nos vemos este mes en Chiapas, estoy mejor, exámenes de rutina, tú sabes”. Y sí, la muerte es una rutina a la que todos estamos sometidos a vivir.

Ayer, dejé de pensarte. Lo confieso. Estaba buscando unos libros que nada tenían que ver con tu ausencia. Asomaste: Cuadrilatero, La mara, El mestizo de Salgari, Otra vez el santo, uno tras otro. Entonces supe que te quedaste en cada espacio y que tu olvido no llegará aun cuando un día entre la locura y mi muerte se pongan a quemar todo lo que quede de mí. Las enseñanzas, quienes te conocimos lo sabemos.

Hasta otro momento.

Paola de los Santos

 

jack | Colaboradores | 27 Octubre, 2:10pm | Comentar acerca de esto

…a mode of truth, no of truth coherent and central, but angular and splintered.

De Quincey

Knock Out, Rafael, entre ceja, oreja y madre. Sin cuenta de protección ni cuerdas de por medio. A quemarropa me dicen que has muerto. En verdad, como escribió Borges, has padecido ese proceso impuro que se llama morir.

Maestro de la vida y de la amistad. El escritor Rafael Ramírez Heredia vivió y murió con arrestos de matador: "así es la vida, como el toreo, uno tiene que estar dispuesto a la muerte para entregarse a la vida", dijo. El mejor homenaje para un autor es ser leído. Tomé un ejemplar de El Rayo Macoy y lo vi conversando con nosotros en Las Laminitas, a las dos de la tarde, ni antes ni después. Ahí está, mágico y muerto. El rostro fuerte, la serenidad, las palabras precisas para el joven autor.

Excelente conversador y amante de los boleros de Álvaro Carrillo y Federico Baena. Solía entregarse al canto, acompañado de jaraneros en pleno malecón de Veracruz o de un trío a media voz bajo el cobijo de La Guadalupana. Hombre honesto, definía que "la amistad es como la Avenida Reforma, de ida y de vuelta". Lector y escritor de tiempo completo defendió el valor de la educación, de la cultura y de las ideas.

Detestaba el chiste fácil, el show televisivo. Sostuvo que el buen escritor tiene que ser modesto, pues está al servicio de la creación, y no la obra al servicio del creador.  La hermandad de la uva, al estilo John Fante, se reunirá este sábado para celebrar al escritor, al amigo, al hermano. Tuyo, Rafael, es ahora el abierto ruedo de ayer, el alba de los toros.

Daniel Durán Ruiz

jack | Colaboradores | 26 Octubre, 11:41am | Comentar acerca de esto

Y así es como se pasa la vida, y como la vida pone a cada cual en su lugar. Pero hay  quienes, desde antes ya tienen un lugar determinado en el espacio y casi siempre nos da por decir, cuando ya no está esa persona, las grandes virtudes  que su mente y su cuerpo reflejaron. Pero de ti mi querido maestro, no voy hablar de lo chingon que eras, mas bien de lo cabron y directo que para decir tenias. Bien fuera a la persona mas apretada o al mas  inocuo aprendiz de las letras.

Ah, mi buen Rayo, muchos se sabrán amigos. Otros cuantos una lagrima rodaran. Vendrán los suplementos IN memorians y demás, pero yo me conformo con recordarte y apreciar las pocas palabras que cruzamos y lo contundente que fuiste para mandar al carajo a la vida. Por todo lo demás mi master, mi buen Rayo...Per se.

PD: Nos vemos, cuarto para la una, en " Las Laminitas"

Che Luis

jack | Colaboradores | 25 Octubre, 9:33am | Comentar acerca de esto

Ayer me enteré de tu muerte y fue un golpe muy duro. Y no la muerte, que conocimos bien estos últimos años, sino TU muerte, hermano... amigo. Tú sabes que siento las cosas fuertemente, y alguna vez me dijiste que había que ser más sensible, más abierto, y ahora me arrepiento de no haberte hecho caso, porque quiero llorar y no puedo. Porque cuando pienso en tí, te pienso vivo, charlando los fines de semana, platicando de pendejada y media mientras trazabamos los planes del día sábado, que no eran otra cosa que unos tragos en Las Laminitas, con carraca, cuerito y frijol refrito; y tragos.

Queda la deuda de aquel mítico recorrido con los compas y con vos, desde la cantina El Nivel hasta la Hija del Apache; lo juro.

Podría rifármela diciendo que ayer entraste en la muerte partiendo plaza, cabrón, con tus cejas altivas y tu bigote soberbio, llevando en el hombro derecho el capote y en la izquierda ese piélago de historias que ya no contarás. Andarás metiendo a varas cada adjetivo rejego, cada personaje irreverente, dando pases de pecho con el único afán, como me dijiste un día al calor de unas tecates en La Guadalupana, de lograr una buena cuartilla al día. No una cuartilla perfecta, sino una buena cuartilla, que permita entonces construir eso que te apasiona tanto: la historia de la vida.

Allá andaras maestro Rafa, hermano... amigo. Allá andarás con palabras bajo el brazo, con la sed de siempre y el corazón al aire, partiendo plaza en los terrenos de nuestros recuerdos encabronadamente generoso, terco, combativo.  

Hugo Antonio Montaño López

 

La Reina decidió darle sus alhajas, después que Colón, ante la mirada atónita de todos, paró el huevo sobre la mesa.

Elizabeth Conde Pinto

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jack | Colaboradores | 17 Octubre, 8:24am | 1 comentarios

Estoy viviendo ese segundo anterior a la muerte en que se revive toda la vida. En esta parte del segundo estoy reviviendo el momento que escribí mis memorias. Luego está el asunto de que este segundo también forma parte de mi vida y debe alcanzar para revivirlo.

Temo que tal vez me salve.

Nuni Sarmiento

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jack | Colaboradores | 16 Octubre, 10:39am | 1747 comentarios

Había una vez una muchacha que le preguntó a un chico si se quería casar con ella. El chico dijo "NO".

Y la muchacha vivio feliz para siempre, sin lavar, cocinar, planchar para nadie, saliendo con sus amigas, saliendo con el que se le daba la gana, aceptando invitaciones carísimas y gastándose su dinero en si misma y sin trabajar para ninguno.

FIN.

* El problema es que de chiquitas no nos contaban estos  cuentos.... Y...NOS JODIERON...CON EL PINCHE PRíNCIPE AZUL.

Doña Coco

jack | Colaboradores | 10 Octubre, 7:09am | 1 comentarios

"Se murió mi mamá de tuberculósis, dicen mis hermanas que se puso flaca, yo medio me acuerdo. Sufría mucho, tenía mucha tos, ya no trabajaba, me acuerdo cuando salía en el sol, ahí nos poníamos sentado junto con mi mamá. Mi papá caso(1) estuvo bueno, tenía la misma cosa, pero mi papá se iba a curar.

"Me acuerdo que me decía mi mamá, pues yo soy la más chiquita, me quería mucho, me 'garraba mi pelo, porque de por sí mi pelo ese tiempo era largo, y me decía:

"-Cuando yo muera, hija, ¿saber quien te va a bañar?

"-Me voy contigo, no voy a quedar -le decía.

"Se sentía, lo miraba que se ponía triste. me acuerdo bien cuando la llevaron a enterrar".

-¿Cómo murió tu mamá? -le pregunté a Caralampia.

-No sé, se puso bien flaca cuando murió, mis hermanas ese tiempo estaban grandes, le daban su pozol(2); ya poco a poco ya no quería tomar nada, de ahí cayó en cama, se puso bien enferma y de ahí se murió. Sentí mucho cuando murió, dicen que me enfermé. Ya después decía yo: -"Cómo no morí junto con mi mamá" -pero mero qué voy hacer, seguro así vine.

1) Caso: acaso, Negación (por ejemplo: caso lo sé= no lo sé).

2) Pozol: bebida diaria de los campesinos de la región. Es preparado con maíz cocido, molido y disuelto en agua. 

Delfina Aguilar Gómez

(Rosa Caralampia y otros cuentos)

jack | Colaboradores | 3 Octubre, 10:46am | Comentar acerca de esto

La verdad es que yo nunca habría podido evitar el cumplimiento de Su eterna voluntad. Ni si hubiera podido quererlo. A despecho de lo que piensa la gente, si vendí a mi Maestro, no fue por aquellas míseras treinta piezas de plata que arrojé en el suelo ensangrentado del templo. Mismo ahora, mientras cuelgo la soga al ciclamor, lo único que quiero es juntarme a Su gracia eterna lo más pronto posible. No lo hago porque pienso que no habría debido traicionarlo. Ningún necio remordimiento puede inquietar mis últimos instantes en esta valle de lágrimas.

Sólo Él sabe que sin mi inmortal sacrificio nunca se habría podido realizar Su inescrutable diseño. Y yo no habría podido hacer de otra manera. Ni si hubiera podido quererlo.

Gaetano "Aitan" Vergara (Italia)

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jack | Colaboradores | 2 Octubre, 6:17am | Comentar acerca de esto

a Monterroso

Soy bajito, menudo, ligeramente rubio. Mi figura, a la vez nerviosa y sonámbula, produce un efecto chocante en el mundo exterior. Lo sé porque cuando voy a la librería -casi nunca voy a otro sitio-, me veo en los grandes espejos del fondo y me sorprendo. No sabría decir si este hombrecito esta demasiado alerta o sumergido en un sueño. Tiene una capacidad de aparicición súbita y al mismo tiempo hay algo lento, vacilante, como si el espejo dudara. Esta mañana, en el desayuno, le mencioné esto a mi esposa, con la furtiva esperanza de que me lo desmintiera, me lo confirmara, o me diera no sé, alguna información sobre mí. Pero me miró sorprendida. Hace seis años que trabaja en la librería y allí no hay espejos. Pasé una mala mañana pensando en esto, con deseos de que volviera mi esposa para preguntarle otra vez. A veces uno no ve lo que tiene más cerca. En vano la esperé para el almuerzo. Tampoco vino a cenar. A medianoche me preparé un gintonic y, mientras lo bebía, caí en la cuenta de lo que pasaba: yo no tengo esposa. Tanto me entristecí que estaba a punto de prepararme otro trago, cuando recordé que yo no bebo. Así que decidí irme a la cama. Al despertar, rebusqué inutilmente entre las sábanas blancas. Tal como me lo imaginé, yo no estaba.

Nuni Sarmiento

http://nunisar.blogspot.com/

 

jack | Colaboradores | 27 Septiembre, 7:51am | Comentar acerca de esto

Yo era un pequeño acontecimiento que nunca ocurrió. Por mi causa dejaron de ocurrir muchas cosas, alguna de ellas importantes. Y me vi en la triste situación de asumir esa abrumadora responsabilidad. ¿Cómo se me pudo haber ocurrido no ocurrir? Esto fue algo en lo que no pensé, simplemente salió así. después, cuando me cayeron encima todas esas quejas de las cosas importantes, traté de ocurrir, y efectivamenmte, con gran esfuerzo, ocurrí. Gracias a esto, o mejor dicho, por desgracia, ocurrieron muchas cosas terriblemente importantes que ojalá nunca hubieran ocurrido, y que también me echaron la culpa. En fin, no es fácil.

Nuni Sarmiento

http://nunisar.blogspot.com/

jack | Colaboradores | 25 Septiembre, 11:35am | Comentar acerca de esto

Te escribo estas líneas antes de que anochezca otra vez.

He pasado los días limando mis asperezas por consejo del doctor. Sé que hasta allá no pueden llegar los mordaces serrucheos prescritos. Te lo cuento de todas formas para que sepas de mí.

Hace apenas unas semanas que estoy de nuevo en casa. Me encuentro al borde de la otra orilla -unos cuantos pasos y no sé.

Bebo a escondidas el pisco que me trajeron de Chile -lo bebo con la precisión de una medicina.

Todos están contra mí y yo estoy orinando contra un poste.

María Celina Núñez

(VENEZUELA)

 
jack | Colaboradores | 22 Septiembre, 10:28pm | Comentar acerca de esto

En mi ruta siempre hay dos espacios, dos vientos y dos tiempos en cuyo vaivén me desplazo del desierto a la corriente, de la quietud a la vorágine, de la ciudad al mar; soy a un tiempo golondrina y tortuga, neumático y canoa, desorden y amanecer. Pino me resuelvo desde montaña hasta iguana de litoral; agitan mi melena los céfiros azules lo mismo que el sofoco de mediodías cárdenos; vivo dentro de mi tierralumbre como fuera de mi aguacero diario.

¿Cuándo te detendrás, péndulo?

¿Cuándo echarás a andar, recentísima luz?

Joaquin Vázquez Aguilar

(2º Festival de Escritores Chiapanecos) 

jack | Colaboradores | 21 Septiembre, 6:32pm | Comentar acerca de esto

 

Cuando él le dijo que lo importante es ser hermosos dentro, ella nunca habría podido pensar que la descuartizaría viva, seccionándole las vísceras en pedazos uniformes.

Gaetano "Aitan" Vergara (Italia)

http://aitanblog.splinder.com/

 

 

jack | Colaboradores | 21 Septiembre, 9:57am | Comentar acerca de esto

Desde hace algunos años (el siglo pasado para ser exactos) me vienen comparando con el Hombre:

Que el Mono se parece al Hombre.

Que el Hombre desciende del Mono.

Que el Mono es pariente del Hombre.

Que el Mono es menos inteligente que el Hombre y otras pendejadas.

Niego parecerme a semejante animal, podría decirlo con palabras, ¡a gritos! Pero hablar es aceptar el parentesco entre ambos y de ninguna manera se trata de eso.

Ricardo Ramírez D'Gyves

(2º Festival de Escritores Chiapanecos) 

jack | Colaboradores | 18 Septiembre, 8:15pm | Comentar acerca de esto

Volvió los pasos sobre la selva y escuchó con atención el mensaje de los signos. El viento en meditación, las piedras en espera de las huellas, la hierba fina sin la provocación de la brisa, la antesala perfecta para una emboscada. lentamente, procurando mayor discreción que su ambiente, colocó sus armas en orden, se embadurnó de excrementos y orines resecos en la tierra y calmó la inquietud de su espíritu. Con la parsimonia de sus abuelos y padres, rezó las oraciones largamente aprendidas al fuego de la fogata tribal, rogando por el éxito de su tarea, por el inicio de su vida como hombre en su aldea pigmea. En la cabalgata de las palabras de magia y poder, recordó una y otra vez el plan para la caza de su primer presa salvaje: fundirse con la tierra y disfrazar su olor a inmundicias, hacer que su cuerpo descansara y su mente estuviera en un cristalino asecho para, en el momento en que una manada de elefantes pasara en el sendero en que ubicara su guardia, escoger a uno y clavarle el filo de su lanza en el vientre, regresar a la aldea y celebrar el fin del rito de iniciación. Repasó y repasó el plan cuando su cuerpo sintió una ligera vibración en la tierra, seguida de otras más que delataban a 5, 10, 15 animales. Urgió la calma de sus pensamientos, las repeticiones del plan lo impregnadon en su piel y deseos, la lanza brilló cómplice en el suelo. Pasaron 7, 8, 9 animales a su lado, y dos pequeños elefantes olfatearon la escultura de excremento que era y juguetearon un poco con las bolas secas que se esparcían a su lado. A punto de conformarse con tan pequeñas presas el mundo concentrado en una pata lo aplastó repetidamente contra el suelo, sin piedad alguna y con la urgencia de una madre elefante adicta a la limpieza.

Eduardo Cortés
(Inédito) 
jack | Colaboradores | 14 Septiembre, 6:59pm | Comentar acerca de esto

Debo confesar que cuando te vi esa tarde… Cuántas veces te pedí que te pusieras ese vestido, y esa exacta tarde lo llevabas como si las calles te fueran ajenas. No quiero recordar, no puedo hacerlo. Mirá, la tienda de bisutería, donde compraste además de las pulseras de siempre, el color de uñas plomizo que tanto te gusta, era el abarrotes que nos vendía los refrescos más lentos; el tendero no escuchaba los llamados y uno se podía robar las cosas que quisiera -eso decíamos siempre-. Nunca nos fuimos sin pagar, persistíamos hasta que salía el hombre con su bata y nos cobraba. Ese fue, quizá, el motivo de su quiebra. 

Me quedé viéndote todo ese tiempo, supe que no tenías deseos de comprar, que recorrías el lugar por simple mimetismo, como si en verdad buscaras algo, que al final hallaste, por descuido.

No voy a seguirte, pensé, y me quedé observando cómo el vestido, con el sol de la tarde, te transparentaba. Alguien debió verte también, alguien más cerca de vos debió ayudarte con tu bolso; pero no, no, esas astucias no te gustan, lo recuerdo. Te ves bien, eso es grande, lo sé porque se me ocurrió decir en voz alta el texto que escribimos cuando nos mandábamos cartas:

Bebo, te bebo en las mansiones líquidas del paladar y en la humedad radiante de tus ingles, mientras tu propia lengua me recorre y baja, retráctil y prensil, como la lengua oscura de la lluvia.

La raíz del temblor llena tu boca, tiembla, se vierte en ti y canta germinal en tu garganta

Luego te fuiste, riendo.

Derly Recinos de León

(Inédito)

jack | Colaboradores | 13 Septiembre, 11:35am | 3 comentarios

Con la misma altura de clima, la tarde que partías se parece a la de ahora: nublada. Creo que fue en agosto cuando me diste la noticia. Es difícil pensarte tan lejos, he perdido el orden del tiempo con el que gobernábamos el caos de lo ordinario. Ya no me pregunto qué harás en esa isla de meriendas austeras, he ocupado mis actos en otra angustia menos codiciosa, ahora juego al ajedrez con la  vieja Mirella y he creído sus historias a tal grado que las cuento.  Ayer comimos  aceitunas, no me permitió desviar la respuesta, insistió que le dijera lo último tuyo, lo último que recordara de tu rostro, de tu olor, de lo que se queda en las manos. No recuerdo nada, le dije …pero después, como repulsión a la mentira contesté las hojas en otoño se van. Sé que es momento de partir, porque estas calles que tampoco quieren recordarte no me soportan.

Es más, no entiendo por qué todavía hablo de vos, pueden ser los presagios de  otoño o la incomparable ventaja de estar solo. Hoy, El sable, como le decimos a Salvador, el que cobra el abono del cuarto, volvió amenazar con echarme  de la vecindad, le leí entre reclamos y aspavientos:

Cada poema un paso hacia la muerte, una falsa moneda de rescate, un tiro al blanco en medio de la noche horadando los puentes sobre el río, cuyas dormidas aguas viajan de la vieja ciudad hacia los campos donde el día prepara sus hogueras. Cada poema un tacto yerto del que yace en la losa de las clínicas, un ávido anzuelo que recorre el limo blando de las sepulturas. Cada poema un lento naufragio del deseo, un crujir de los mástiles y jarcias que sostienen el peso de la vida. Cada poema un estruendo de lienzos que derrumban sobre el rugir helado de las aguas el albo aparejo del velamen. Cada poema invadiendo y desgarrando la amarga telaraña del hastío.

De todas formas dijo que buscara dinero si quería seguir con el cuarto.           

Derly Recinos de León

(Inédito)

 

jack | Colaboradores | 13 Septiembre, 11:32am | Comentar acerca de esto

Escribo a pesar  de la ciudad. Sé que esquivo verte, por esa razón hago las compras por la tarde, para guardar la habitación de tu llegada y no me sorprenda la costumbre de esperarte. Hoy inauguran el café Le vieil  homme et la mer, en la esquina donde por fin me atreví a darte el beso, habíamos devorado suficientes aves esa tarde que no me sorprendió haber escuchado aleteos cuando ocurrieron tus labios. Llovía, sé que te acuerdas, esa historia la contabas continuamente, no imaginaba que hoy me tocaría decirla.

La primera vez que recorrí estas calles para no encontrarte, tuve suerte, la he tenido después, de tal forma que ahora me siento seguro. Es como una extensión de mi falta. Aprendí a descifrar los enigmas de tu silencio, conozco los lugares que reservas para tu vida y los respeto. Esa fue nuestra despedida, no volver a nosotros sin una razón para odiarnos. Pienso en ese anuncio cada vez que intento romper mi costumbre. He comprado, como siempre, el diario donde escribes, hasta que algún día tenga que hallar entre las líneas de tu noticia, ya no me leas más.

Derly Recinos de León

(Inédito)

jack | Colaboradores | 13 Septiembre, 11:25am | 2 comentarios

¿Eres tú? - le pregunté a un lindo chico que se detuvo frente a mí.

No, no lo soy - respondió luego de girar y verme confundido. Miró su reloj y siguió caminando.

Ya llevaba un buen tiempo sentada así que decidí levantarme y estirar un poco las piernas. Luego de caminar un rato divisé unos metros a mi izquierda a un hombre escribiendo sentado en un banco. Caminé hacia él de manera curiosa.

Hola, ¿eres tú? - pregunté.

No, no creo que lo sea.

Me entristecí un poco, estaba segura que él sí lo era.

Cerca de él me reencontré con un chico al cual ya había conocido. Había cambiado bastante, pero aun así reconocí su esencia.

¡Hey! ¿Cómo estás? ¿Ahora sí eres tú? - le pregunté emocionada.

La verdad no sé si lo sea, todavía estoy inseguro.

Luego de escuchar su respuesta me despedí con efusión y seguí caminando. De repente sonó mi celular.

¿Aló? ¿Eres tú?.. Ah no... te equivocaste de número... No, no te preocupes.

Volví a sentarme para observar la puesta de sol. Otro día más para tachar en el calendario. Mañana seguiré buscando.

De repente alguien entra a este blog y lee mi cuento.

Hola, ¿eres tú?

jack | Colaboradores | 11 Septiembre, 6:21pm | 1 comentarios

La anécdota acontece a este lado del ilusorio fondo del espejo, en la penumbra de una recámara de aspecto antiguo y desolado. El Conde es sorprendido por la aparición de una deliciosa criatura que, con infantil serenidad, lo observa desde el cristal bañado en sombras. Conjetura y concluye que la jovencita sólo puede hallarse a sus espaldas, indefensa tras el asimétrico reflejo de su cuerpo inmortal. Sintiendo el corazón, encabritado, saltar en estampida al ritmo de su deseo, se precipita en dar vuelta con la mórbida intención de hundir sus colmillos en la tersa palidez de aquel cuello que marca el final de una espera que ya lleva varios siglos. Con gran asombro (y diríase que casi con tristeza) se enfrenta al vacío. Piensa por un momento que sus ojos no le son fieles. Abochornado, gira de nuevo hacia la imagen inasible de la niña. “¿Quién eres, pequeña mía?”, pregunta, mientras que con precario gesto intenta disimular la dentadura. “Alicia”, responde la chiquilla, y de inmediato su imagen se desdibuja hasta extinguirse por completo, quedando tan sólo, colgada en el aire, la medialuna perfecta de una sonrisa de gato.

Rigoberto Rodríguez

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jack | Colaboradores | 7 Septiembre, 9:25am | Comentar acerca de esto

Entre ruinas respirando, aliento de horno entra por mis oídos. Los mudos repiques se confunden con neuronas y la mente divaga. Sin necesidad de tabaco sale humo por mi boca. Aros que se alzan y en la altura se deslíen. El hollín ya no cuenta cuando uno de los círculos quebranta su ruta y rodea mi cuello.

Guirnalda de humo.

Horno de gas.

Aro que aprieta.

María Celina Núñez

http://lafumatrice.blogspot.com/

 

jack | Colaboradores | 7 Septiembre, 7:22am | Comentar acerca de esto

Aquel día, Paco encendió la televisión, bajó el volumen hasta oír sólo un imperceptible murmullo y puso un viejo cd de Kahled. Estaba solo en casa, Kiko llegaría quince minutos después. Con indolente entrega se puso a armar un porro licuando una astilla de "afgano" que le había regalado un compañero del colegio. En la televisión tres gringos cantaban meneando el culo a un ritmo del todo incongruente con la música que llenaba las paredes de aquella casa vacía. Él miraba sin ninguna atención balanceando lentamente las piernas y aspirando con calma el canuto.

De repente cambiaron las imágenes.

"¡Bombastic! ¡Tremendo! ¡Alucinante! Esta mierda sí que es buena!".

Kiko llamó a la puerta.

"¡Hombre, qué trompada! Esto sí que es óptimo. ¡A-lu-ci-nan-te! Debes probarlo ahora mismo".

Y le pasó el canuto humeante.   Los días siguientes vio el hundimiento de los dos rascacielos decena de veces y siempre le pareció bombastic, impresionante, alucinante como una película de Ridley Scott.

El hundimiento de su equipo contra once afortunados novatos y un arbitro corrupto e incompetente lo vio una sola vez, y le pareció una tragedia insuperable. Cuando tocó el silbato final le faltó el respiro. Y durante dos días no podía quitarse la imagen de aquel maldito gol de la cabeza.

Gaetano "Aitan" Vergara (Italia)

http://aitanblog.splinder.com/

 

jack | Colaboradores | 7 Septiembre, 6:49am | Comentar acerca de esto

Era ésta una mujer bellísima pero que se creía fea y tan grande era su convicción de ser fea que se reía amargamente cada vez que le aseguraban lo contrario. Un día, en un café, conoció a una mujer que sufría el drama opuesto: siendo espantosamente fea, se creía bella. Se miraron sin disimulo, vorazmente. Mientras la mujer bella admiraba a la fea por su belleza, la fea admiraba a la bella por su fealdad. El estupor no tardó en apoderarse de sus caras. Al unísono, un grito raro brotó de sus gargantas y cayeron al suelo, muertas.

Nuni Sarmiento

(Buenos Aires)

http://nunisar.blogspot.com/

jack | Colaboradores | 6 Septiembre, 7:29pm | Comentar acerca de esto

Ayer por la noche tuve un sueño; un gran sueño... que parecían ser dos.

Cheluis

http://creearte.org/joseluis

 

jack | Colaboradores | 6 Septiembre, 1:33pm | Comentar acerca de esto

Al ver que no había nada para comer, le echó una mano en la cocina, y ella se la comió asada.

Gaetano "Aitan" Vergara (Italia)

http://aitanblog.splinder.com/

 

jack | Colaboradores | 6 Septiembre, 12:42pm | Comentar acerca de esto

Treinta y tres minutos después de que el niño había salido por la puerta, él seguía tirado en el piso mirando hacia el reloj en la pared. Sentía que lentamente se quedaba dormido y que nada podía hacer para mantenerse despierto. Había sin duda perdido la agilidad de hace unos años, en los que sin dificultad hubiera podido con un gandúl como el que lo había dejado en el estado en el que estaba.

Los párpados se le cerraban y de la cocina le parecía que emanaba el amado olor de las galletas de jenjibre de su tía. Abrió los ojos con terror cuando recordó que ella había fallecido hace 24 años y ese aroma venía del fondo de su mente que empezaba a fallar.

Trató de incorporarse pero el dolor, que le empezaba en las rodillas y le reventaba en la base del cráneo, le hizo abandonar la empresa. Unas lágrimas y un gemido de impotencia fue lo único que pudo tener como consuelo.

Cincuenta y seis minutos habían pasado desde que se había cerrado la puerta. El sueño ganó finalmente, mientras sus genitales sangrantes seguían expuestos sobre la alfombra.

Ernesto W. Monserratte

http://bitacora.wr276.com

jack | Colaboradores | 6 Septiembre, 9:59am | Comentar acerca de esto

Quedan prohibidos, dentro de los límites de las líneas fronterizas entre la ubicación conceptual de lo que aquí se refiere con cualesquiera otra interpretación de los artículos establecidos y definidos de manera clara, concisa y precisa en la ley, y bajo los apercibimientos legalmente previstos, analizados y sopesados en diversas reuniones y discusiones en diversas cámaras gubernamentales con representantes del derecho, la reproducción total o parcial, incluyendo la utilización de los signos de puntuación de esta declaración y de la trascripción de la ubicación exacta de la imprenta que da a conocer la siguiente obra, trabajo y/o escrito, ya sea por medios electrónicos, informáticos, radiofónicos, mímicos, telemáticos, telepáticos, idiomáticos, idiopáticos, por estimulación neuronal del área del hipocampo a nivel del mesencéfalo, transmisión olfativa del papel y la tinta, transmisión retinal directa a cualquier medio de fijación de imágenes y algún comentario que cite lo escrito aquí presente o en la totalidad de la obra a personas desconocidas, amantes, familiares, amigos y/o/uos animales, ya sea a través del préstamo, alquiler, venta pública y privada en librerías, ferias del libro, Internet y otros elementos electrónicos y de los antes mencionados, venta en áreas de buhoneros y cesión por medio de bibliotecas y afines, incluyendo prestamos temporales del dueño de esta edición a una segunda persona o las que resulten beneficiadas, sin la autorización previa, firmada y sellada bajo notario por escrito, con grabación radiofónica, audiovisual o cualesquiera otras asociadas a su posterior revisión en su totalidad, de los titulares de los derechos del Copyright.

Tulio Jesús Ramírez Liendo
 
 
 
jack | Colaboradores | 5 Septiembre, 8:08pm | Comentar acerca de esto

Vendrá por cualquier camino, por eso espero desconcertado y volátil. Aunque no sabe que vendrá, yo confío en que sí lo haga, porque comprende que la aguardo cada día, cada minuto, cada segundo. No dijo que lo haría. Yo tampoco se lo pedí. Sin embargo, ambos nos deslizamos por este túnel de sensaciones inexplicables que me hacen a mí dibujar fantasías y a ella vislumbrar sueños vedados. Además tenemos la certeza de que el único lugar del mundo donde estamos en paz, es mirándonos a los ojos, sumergiéndonos en temblorosos roces desconocidos y fugaces. Vendrá. Lo sé. Ambos lo sabemos.

Julio Campos

 (Santiago de Chile)

 www.textosentido.org

jack | Colaboradores | 5 Septiembre, 9:05am | Comentar acerca de esto

Adolfo trabajaba vendiendo los periódicos del mediodía en las colonias o barrios donde se cometían los crímenes que la prensa narraba diariamente. Tenía un megáfono para promover la venta, cosa que le causaba un gran placer; además, los vendía rápido y a un precio mayor. Ya eran seis años trabajando en esto. Le iba bien en lo económico, aunque no dejaba de ser complicado tener que ir diariamente a lugares tan diferentes, desconocidos por él, feos y hasta peligrosos; pero lo que más le molestaba era llegar tarde a la casa debido a las grandes distancias, muchas veces de un extremo a otro de la ciudad: la verdad, ya estaba harto. De cualquier modo, no podía dejar un trabajo que tenía sus grandes compensaciones. Algo tenía que hacer.

Adolfo esta vez se encuentra a quince minutos de casa. Sumamente complacido, lleva más periódicos de lo acostumbrado. Comienza a vociferar con su megáfono a todo volumen la interesante noticia del día: un callejón había sido el único testigo del estrangulamiento del niño que cargaba en la mochila sus tareas de Matemáticas, Historia de México y Ciencias Naturales. La madre y los vecinos, abatidos, no encontraban causa alguna para el crimen; la policía, menos. Pero Adolfo saborea el recordar cómo fue todo: de ahora en adelante, llegará siempre temprano a casa.

Antonio Conde Ostos

(Fábulas, fobias y filias)

jack | Colaboradores | 5 Septiembre, 6:47am | Comentar acerca de esto

Abelardo camina. no habla, sólo tararea y canta. La fiesta lo dejó ácido.

Noche seca, falta sangre para humedecerla. La calle los árboles las plantas los pájaros la oscuridad hay un canto, de tambores, él calla.

Las plantas los árboles las hojas los cantos los tambores los pájaros gritos de ratas un bosque pasos atrás no son tambores no son ratas; rateros: corren, corren atrás. Corre, Abelardo corre, intenta volar, vuela, una rama en la cabeza lo golpea y se zangolotea, cae; la rama: un puño. Voces dicen que se entregue, que se identifique, saca la cartera, no hay dinero, la raíz de un árbol lo patea, todos lo patean, hojas le hablan al oído: ¡fuera zapatos! Otra rama en la cabeza; la otra rama: otro puño. Abelardo se va... pero se queda. Se pierde.

Despierta, ¡qué pasó?, le duele la cabeza, los brazos, el tronco, él no fue árbol, no hay árboles, sólo postes, postes con cables, cables con zapatos, coleccionan zapatos, él no los tiene. Se levanta, camina con trabajo, llega a la esquina, ve un letrero: DR. GONZÁLEZ.

¡Ahh!, no fue el bosque, está en la Doctores.

Javier Matarrena

(Fábulas, fobias y filias) 

jack | Colaboradores | 29 Agosto, 6:22pm | Comentar acerca de esto

Engañando al tiempo como una fotografía, tengo que usar la chamarra invariablemente, como esa noche. Para que Julia, en caso que asista, reconozca esa misma mirada sostenida sobre sus hombros. Creo qué su pelo era negro. Sí, negro. Ella a lo lejos, recargada en un tubo del diseño industrial del bar, miraba en una óptica, que ahora contemplo, el mural que pintó Enrique para la inauguración. Julia, debe ser su nombre definitivamente. Qué mejor nombre para una mujer que ejerce ese magnetismo como las sombras de los grandes árboles que nos seducen a sentarnos en sus raíces aéreas, traducen de vez en cuando la fuerza de la tierra. En la resolución geométrica del mural prevalece el azul que tiñe el vaso metálico que empuño. Con este trago cubro el cover del pub al que asisto los miércoles, como una procesión de fe. Odio tomar solo, aunque tiene la ventaja que llega el momento que uno concluye que todo vale nada. Es ella. Sí, es Julia. De pie, permanece mirando algún detalle del mural desde el lugar que ocupé aquella noche. Es el mismo vestido, sólo que ahora tiene mi mirada. Dudo del vértigo que siento de esa extraña sensación que hace ladrar los perros antes del terremoto. Dudo de lo ojos de amor que sueltan los amarres del corazón, y es que he visto a Julia en todas partes, en diferentes lugares al mismo tiempo, como despidiéndose. Sí, es ella. Su olor a ese humo de hojas secas lo confirma. Sé que tengo tiempo para escribirle algo, cuando la palabra sabe entenderse con la muerte. Con un automatismo que asombraría a Breton, escribo sobre la servilleta europea que tiene al calce dos ángeles. Escribo como la primera, la última vez, sin llegar a espantar al pájaro que invento. Sonríe un neonazi en la mesa de enfrente, es rara la expresión después de leer y firmar con una cruz como testigo de mi evidencia que le acabo de entregar. Dejo atrás la mesa acrílica en donde escribí, simulando ir al baño. Me detengo al golpe que voltea Julia sin más, como una invitación entrego la servilleta. Qué no crea que es una invitación de primera comunión, caramba. Julia, estaba preparada, al instante me intercambia una invitación vinílica a un carrete. Extrañada me mira a los ojos, concluyo que no entiende mi caligrafía. De memoria inicio la traducción, en alta voz primeramente y en la medida que me siento enuncio quedo. Todo tiene su límite, dicen. Pero más que límite todo tiene su momento. Y este es el momento que declaro que usted cuenta con pleno derecho de mi persona para los fines que desee. Usted tiene que saber que cuenta conmigo, es necesario. Ella toma mi mano y vuelve la mirada al mural. Ahora percibo la textura de la pintura en la pared, el azul es más intenso. Pienso en la invitación al carrete, en que es un salvoconducto para salvar el amor por seis u ocho horas en la galería de la percepción que se abre con el éxtasis. El sudor de las manos ha desaparecido. Le digo mi nombre y ella se limita a decir hombre del mar. Accidentalmente al pronunciar su nombre alcanza el tono en sol mayor armonizando con la música tecno del lugar. Cómo acerté, pudiendo inventar otro nombre más femenino, digamos, pero Julia es la palabra exacta para una mujer que sabe derrotar al sol con sólo nombrarlo. Somos una roca, no podemos ser más esta noche. Después de estar sentados completando los diversos ángulos del mural, inevitablemente iremos al apartamento para conversar en las escaleras o estar acostados desnudos esperando que amanezcan sucesivamente los días que permite el insomnio del amor.

Mario Nandayapa

(Inédito)

jack | Colaboradores | 28 Agosto, 6:51am | 1 comentarios

Ha de estar tomando un café con dulce, y claro, con sus cigarros sin filtro, como siempre. Es tan predecible. Cómo no traje la chamarra de pana. No sé si este temblor es por el frío de la madrugada, o el miedo de abordar el avión. De seguro nadie notará su ausencia en Lima, es tan insignificante. Aunque tiene ciertas virtudes que saca en ocasiones como los magos, y asombrada no queda más que ponerme a reír. Claro, al llegar tomo un taxi. Estoy segura que me diría que me queda espléndido este casimir, dice cosas tan linda. Un año sin trabajar es demasiado, estuvo bien de mantenerlo. Ha de estar pidiendo la segunda taza de café. Quince minutos de atraso es común en esta línea aérea. Esperaré diez minutos más. Llegando le escribiré, o mejor le mando una postal, para que sepa lo que se pierde o lo que gana. Tiene una forma especial de invocar las cosas, ahora ha de estar leyendo en voz alta a Vallejo...Hoy me gusta la vida mucho menos, pero siempre me gusta vivir; ya lo decía. Casi toqué la parte de mi todo y me contuve con un tiro en la lengua detrás de mi palabra. De seguro hizo un silencio, esperando mi llegada. Dudo si es por el clima que suspenden el vuelo, o por que él sabe que este viaje es para los dos, como un periódico extendido que compartimos al leer.

Mario Nandayapa

(Inédito)

jack | Colaboradores | 28 Agosto, 6:45am | 1 comentarios

Vierte algo más que café en el agua hirviendo, y es ese deseo incontrolable de Julia, con lo que sazona tantas cosas. El aire mismo. Que desatino entre una taza de café o hacer el amor. Elijo con dos cucharadas de azúcar. Se disuelve. Y en un vivo relámpago apreso esa boca que no invento. Qué equilibrio, caramba. Ni una sola gota en el plato. La medida que ahora nos separa no es el cielo. Amo el vestido que tienes puesto. ¿Vas a comenzar de nuevo?. Lo dice como ignorando el nombre de mar, siendo navegante. Tiene razón, siempre tiene razón, y no es puro capricho que le antoje decir hermano al mar. Teniendo tanta agua uno se olvida del nombre de la lluvia y de las cosas. Aún sobra café, determina que es para Enrique, quien llega sin un anuncio de más. Presuroso extiende en la mesa el boceto del mural. A lápiz se anticipa lo que pintaremos en un edificio público de la ciudad, con la esperanza que el mural tome la palabra por nosotros, de que las cosas deben cambiar. Los diferentes ángulos de los trazos configuran la multiplicidad de las pequeñas cosas. De como el café es más que angustia, por decir. En busca de la esencia del sabor lo pide sin azúcar, cuando en realidad lo que paladea es una parte de Julia. Especifica dimensiones, colores, relieves. De cómo opacaremos el sol matutino que nos presenta un muro fondeado en blanco. Odio en ocasiones su hedonismo, de cómo sorbe el café de Julia. Me conformo pensar en que la infidelidad es cuestión de la carne y que la lealtad es del espíritu, del alma. Julia armoniza el estadio, depositando un beso carmesí en una hoja en blanco, en esa hoja que lubrica pensando en la penetración de la palabra. Desfigurando la tarde prendo la luz, y la mesa adquiere la limpieza de una frente. Mientras los cigarros acaban, enfatizamos los contrastes, los símbolos. Prevalecerán los espacios limpios en el lado inferior del mural, margen para que los enamorados anónimos se apropien y terminen la resolución plástica enfrentando a los guardias al escribir temblorosos de amor sus nombres enmarcados en algún corazón como evidencia de la espontaneidad.

Mario Nandayapa

(Inédito)

jack | Colaboradores | 28 Agosto, 6:21am | Comentar acerca de esto

Comitán de Domínguez, Chiapas, a 21 de julio del 2006.

Lavaba verduras… Sonó el celular. Una voz cadenciosa dijo: -Compañera habla...  de Chiapas… -un vacío en el estomago, -para informarle que ha ganado el Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 2006 ¡Felicidades! -Mi corazón mudo, la lengua un nudo de trapo. El compañero decidió colgar para ultimar detalles por el teléfono de casa. Un alarido. Más o menos así: Ay!!!…..Timbra el teléfono, nuevamente ...: -compañera ¿qué no se emocionó, o gana premios cada veinte minutos? -Por supuesto que no-, dije -te perdiste el alarido que lancé mientras llamabas de regreso-.

Lo único que puedo decirles es que desde hace mucho tiempo tengo  poderosos motivos para amar Chiapas.  Algunos de estos momentos han sido instantes de revelación: la  cara de una niñita de Amatenango del Valle y las figuritas de cerámica que vendía, la luz en una tarde tirada en una banca de la Plaza de San Cristóbal, la fiesta de los Parachicos en Chiapa de Corzo, una anhelada visita a San Juan Chamula, Mujer que Habla Latín de Rosario Castellanos, el Tascalate, el  cochito y las lagunas de Montebello.

A todos estos momentos de estupor  se suma la incredulidad y la temblorina de recibir  el Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 2006. 

Para terminar, comparto con ustedes una cita  del maestro Haruki Murakami en “Tokio Blues” “Soy de ese tipo de personas que no acaba de comprender bien las cosas hasta que las pone por escrito”. Este premio es un aliciente para seguir poniendo por escrito las cosas que no acabo de comprender. Gracias Rosario Castellanos donde quiera que estés.

Montserrat Hawayek 

jack | Colaboradores | 25 Agosto, 5:43pm | Comentar acerca de esto

Y si llueve. Te has puesto a pensar sí llueve, pinche Julia. Resuelta cierra la puerta del apartamento para descender la escalera que da a la calle. Su minucioso talle se confunde con la sombra de la seis. Algo oculta en las manos. Los puños cerrados saben de las palpitantes líneas de las palmas que se hinchan como venas. Inventando una ruta que llevará para alguna parte, dobla a la izquierda donde se abre una amplia avenida. En esa precisa esquina observa en un Café de Chinos como permanece el anuncio que solicita una persona que adivine la fortuna, puesto vacante que ella ocupó hasta que una abierta tarde nombró su suerte en el indicio del café, y la respuesta contundente era un viaje: tomó maletas rumbo para salvar esta ciudad. Te amo Julia, aunque sabes lo que no me imagino. Retoma la marcha por la avenida. Necesita su café dulce y su derecho de mundo. Si no la conociera diría que es taxista por su fina orientación en las intrincadas comunas de la ciudad. En el fondo lo que nos une no es la poesía aunque afirma que daría su vida por algún verso.

Mario Nandayapa

(Inédito)

jack | Colaboradores | 25 Agosto, 9:27am | Comentar acerca de esto

¿Ridículo, yo? Era oportuno vestirme de Santa Closs. De niño sería un placer. Ahora es algo de ese deleite infantil reprimido, la necesidad de trabajo, y claro, complacerte un gusto más. Todo lo demás ya lo sabes. Primero fueron unos piscos para eso de los nervios, luego para el frío. En verdad, no soy tipo de un sólo trago. ¿Qué me puse a gritarle a ese cartel de Pedro Infante? Claro, era necesario decirle que estoy hasta la madre de sus películas. No te rías, maldita Julia. Era más que una fotografía, estaba realmente viva. Pero, porqué teníamos que venir a Plaza Italia. Claro, si tuviera oportunidad de volver hacerlo, lo haría nuevamente en otra dimensión. No es cinismo. En eso que viene la policia ¿recuerdas? Para qué me dijo el comandante: ¡Tranquilo, Jorge Negrete! Eso me explotó. Qué no te rías, Julia. Nada de eso importa, sabes. Todos se divirtieron, eso era nuestro regalo. Y qué la noche del veinticuatro de diciembre lo pasemos en la cárcel vestidos de Santa Closs, es formidable.

Mario Nandayapa

(Inédito)

jack | Colaboradores | 25 Agosto, 9:22am | Comentar acerca de esto

Ha de ser un restaurante con vista a la calle, como siempre, donde Julia en severo silencio fuma un tercer cigarro sin filtro. Llueve. Afuera llueve algo más. Mínimos albañiles construyeron sólidas y altas tapias en las ventanas del apartamento y en la puerta de la recámara de Julia, un muro. Mezcla compacta que derribo de tajo al mover tenuemente la manigueta. Tiembla la ciudad. Julia, no voy a poder salir del sueño. La pieza está abierta como el vuelo de cierto papalote con una lámpara encendida que sustituye esa luna que falta de día. Todo orden, las paredes con su azul, la cama tendida y un libro en una lengua extraña con la que me habla detrás del pelo, como siempre. Maldita, no te vayas. Un globo suspendido eclipsa levemente este remoto país. Julia, te prometo no importunar a los actores aficionados de tus sueños. Sí. Estoy sentado en un rincón. Julia, vamos a improvisar. El globo pierde altura. Todo es motivo de la luz. Interpreto el anuncio para ir a la sala donde encuentro el jarrón colombiano en perfecto estado. Al voltear veo a Julia entre los colores que recobran su nitidez con la intensidad de la luz. Así como el ámbar de sus ojos después de la lluvia. Sin más luminosidad que la certeza, recobramos el sur con una respuesta inadecuada.

Mario Nandayapa

(Inédito)

jack | Colaboradores | 25 Agosto, 9:12am | Comentar acerca de esto

Por Julia sería capaz de contar las hojas de ese árbol, por decir. Pero eso de ordenar el apartamento, por favor. Julia tiene una actitud mágica que al aplicarla no me funciona: coloca un florero en el centro del desorden, y todo adquiere su exacto equilibrio. Llueve. Afuera llueve. Me resisto a abrir la puerta del apartamento. Y más que ese amor a la lluvia que me lleva a mi pueblo, o el sedante que significa cruzar el umbral de la puerta es el deseo de no mover nada. Desorden lo nombra Julia, para mí es la clasificación a la medida de la gramática de mi vida. Aquí estaré parado bajo la cornisa del edificio a fin de no mojarme. Este año será bueno, así lo anuncia la lluvia. De súbito tengo la certeza que Julia está por llegar. Sin más abro la puerta del apartamento azul, y dictado por algo que no puedo nombrar, resuelvo con una línea infantil a tinta roja un corazón en una hoja blanca, testimonio efímero que pego a lo alto de los libros que como los ejércitos aguardan, de los ceniceros saturados, de hojas que no lograron sus cometidos, de la cama que aguarda algún sueño.

Mario Nandayapa

(Inédito)

jack | Colaboradores | 25 Agosto, 8:11am | Comentar acerca de esto

 

Viajar en tren es como apresar desde una cámara fotográfica, ciertas imágenes en blanco y negro. Algún misterio guarda este paisaje porteño. Julia no se atreve a mirar por la ventanilla, se conforma en leer una sola línea de un libro, imposible que por accidente termine el párrafo o se detenga a mirar estos árboles. Si duerme, despierta sobresaltada. ¿Celoso, yo? Es necesario que lo conozca. Sé que falta poco para estar con él, a kilómetros de distancia se anticipa con pequeños detalles, su olor tal vez. Y antes de ver las primeras casas, impertinente se presenta y no queda más que bajarse del tren. Para Julia, caminar estas diez cuadras que nos separan de algo inevitable, es como ascender un edificio de treinta pisos. Tengo miedo. Que no te escuche. Como una declaración de fe, un silencio virtual entre los tres complementa esta noche donde una luna es imprescindible. El silencio toma la medida del tipo que tenemos enfrente. Julia pierde estatura, de rodillas, retoma palabras sacras de una lengua extraña. Algo impide tocarla. Las palabras desencadenadas se salvan en una canción interminable que cobra fin cuando ella levanta la mirada en algún lugar donde la razón acaba. Su frente adquiere otra dimensión. Si pudiera acabar con todo esto, pero no alcanzo a traducir fonéticamente su nombre, ni mover brazo alguno. Sé que él domina la situación con imperceptibles movimientos mientras ella rompe la distancia y con ello el silencio. Qué dirán en ese murmullo. Sin pudor se deja despojar de una media ofreciendo una pierna tangible como el deseo que experimento. Ahora es otra canción la que entonan. No existe espacio para el silencio que permite levantarme y escapar de la ropa que cubre al animal en busca del ilícito placer que descubrimos los tres en este instante. Y ahí nos quedamos, Julia yo cada vez más agua, satisfechos con el mar que regresa a su marea baja.

Mario Nandayapa

(Inédito)

jack | Colaboradores | 24 Agosto, 9:20am | Comentar acerca de esto

 

¿Lo leo de nuevo? No, ahora no. Mejor vamos a ver la lluvia. Sabes, estoy segura que alguien llora mientras ve caer la lluvia. No abras la ventana, pinche Julia, se va a mojar el escritorio. ¡Ah! sí, y tú hablando que el rompecabezas de la mesa le falta una pieza de sol, y porqué no mejor de lluvia. Habitamos este apartamento, sólo después de haber comparado tantas puertas, ventanas y escaleras, porque siempre habrá una escalera. ¿Y si el poniente es un invento de la ventana? Vamos saca la mano, así. Qué rico, ¿Verdad? Qué ridículo te ves remangándote la camisa. ¿Sientes el agua? No, qué va. Cierra los ojos. Tramposo, mejor trae la plantita, ¿Si? Ella sabe que noche como la de hoy son el puente extraño que nos conduce a nuestro pueblo. Huele a café, esta hirviendo. No hay nada en la estufa. Qué raro. No es de la cocina sino de la ventana de donde proviene ese olor que me asalta de repente, ese olor que nombra algo más que la humedad. Que llueva, que llueva, la virgen de la cueva, que sí, que no, que caiga un sapo redondo en el escritorio. Cómo, qué dices. Que te quiero, sordo. Ahora cae granizo,