Mayo 2008

Era abril de 2003 y en la ciudad de Palenque el calor de casi cuarenta y tres grados me tenía bebiendo un suero tras otro. En el televisor del restaurante la exclusiva; un programa especial: Adela Micha entrevistando a un sudoroso y obeso gobernador tabasqueño, a orillas del Río Grijalva. Luego de hablar sobre lo lindo del paisaje y de lo amable que era la gente, la Micha descargó: “Gobernador, no podemos dejar a un lado una realidad que es alarmante, y esa es el alto índice de suicidios entre la población tabasqueña. ¿Cuáles cree usted son los factores que llevan a un ser humano a tomar una decisión así? El señor Andrade, con las axilas, el cuello y el rostro empapados de sudor, tuvo un ligero parpadeo: “Señorita Adela, esto no es nuevo. El alto índice de suicidios entre los ciudadanos de tabasco no es otra cosa que una cuestión meramente cultural. Recuerde usted que desde los Olmecas ya se practicaba la inmolación; es una herencia de nuestra rica cultura ancestral”. ¡El cínico gobernador había dicho una mentira atroz!

Una cosa son las extraordinarias frases y anécdotas, como la de aquel super héroe quien, al pedirle una demostración de su poder, confiesa que sólo puede hacerse invisible cuando nadie lo ve; o el personaje dueño de un mono que adivinaba el pasado; el taller mecánico donde se brinda servicio las 28 horas; la insólita arma de fuego en estado de ebriedad, o aquella nota periodística: Prostitutas caen en acción. Pero el gobernador de Tabasco rebasó los límites de lo fenomenal.

El rostro de la periodista quedó congelado en medio de aquel calor infernal. ¿Desempleo? ¿Desintegración familiar? ¿Alcoholismo? ¿Drogadicción? ¿Miseria? ¿Explotación? ¿Ignorancia? ¿Carestía? No, que va, la culpa es del olmeca.

Jack

jack | Cómo se pasa la vida | 13 Mayo, 4:28pm | 2 comentarios