Abril 2008

El jueves 20 decidí alejarme de mi paquete vacacional "Acapulco en la azotea", y acompañar a mi familia a una caminata por el Zoomat. El recorrido incluía raspado de sabores y palomitas. Muy a mi pesar, el zoológico estaba atestado de turistas. Sin embargo eso no me amilanó, resolví afrontar el reto de "un paseo tranquilo" y redescubrir un espacio que, según yo, conozco hace más de 20 años.

Pagamos la entrada, iniciando con la visita a las tortugas y cocodrilos. Continuamos por un amplio corredor para ser recibidos desde la altura con un circo aéreo de excremento, cortesía de los monos araña. Llegamos a la Casa Nocturna. "Espere 30 segundos para que su vista se habitúe a la oscuridad" "Se prohíbe usar flash". Hicimos lo propio. A medio recorrido un gordo insolente, abriéndose camino a como diera lugar se plantó frente a una de las urnas y ¡Flash! ¡Nos encegueció a todos! Mi sobrina lo regañó sin pudor alguno, provocando la huida del obeso turista. Molestos aún por el incidente, fuimos al herpentario -repleto de visitantes- para oír: "Cuanto iguanaje, como para un caldito" "Estas culebras son de plástico, son falsas" "¿Dónde se les arroja la comida?", golpeando sin precaución los cristales. Los "flachazos" continuaron todo el trayecto. Los animales se escondían asustados.

Entonces entendí. ¡Los cernícalos éramos nosotros! Las diferentes especies estaban protegidas, encerradas lejos de la turba que apareció esa tarde. Nosotros los perfectos salvajes que, insolentes y soberbios, creemos que un zoológico existe sólo para "divertirnos". Decidí volver a mi paquete vacacional "Acapulco en la azotea", lejos de la gente, con Tecates, limones y botana; escuchando cumbias y leyendo a Jodorowsky.

Jack

jack | Cómo se pasa la vida | 2 Abril, 8:19am | Comentar acerca de esto