20090104

El Planeta Azul, S.A de C.V. de R. I. ...

… fue llevada hasta usted por MadeInHeavenFilms®. Agradecemos a Dios®, por su destacada participación en el papel especial de Dios®, y la idea original de crear el cielo, el mar, la tierra, y a nuestros padres: Adán® y Eva®. Gracias también a Jesucristo®, hijo de David® e hijo de Abraham®,quien fue padre de Isaac, y éste de Jacob, quien a su vez fue padre de Judá y sus hermanos. De la unión de Judá y Tamar nacieron Farés y Zera. Farés fue padre de Serón, y Serón de Aram. Éste a su vez fue padre de Aminadab, padre de Naasón, y éste de Salmón, quien se unió a Rahab, naciendo Booz, padre de Obed y Rut su madre. Obed fue padre de Jesé, al que se le agradece haber sido padre del mundialmente coreado Rey David®.

David® fue padre de Salomón® y su madre la que había sido esposa de Urías. Salomón® fue padre de Roboam, que fue padre de Abías. Luego vienen los reyes Asá, Josafat, Joram, Ocías, Joatán, Ajaz, Exequias, Manasés, Amón y Josías. Josías fue padre de Jeconías y de sus hermanos, en tiempos de la deportación a Babilonia®. Después de la deportación a Babilonia®, Jeconías fue padre de Salatiel y éste de Zorobabel, padre de Abiud. Abiud de Eleacim, y Eleacim de Azor. Azor de Zadoc. Zadoc de Aquím y éste de Eliud. Eliud fue padre de Eleazar, Eleazar de Matán y éste de Jacob. Jacob fue padre de José®, esposo de María®, de la que nació Jesús®, llamado Cristo®.

Gracias a éstas inaugurales 42 generaciones, y las que acontecieron luego, que han poblado y arruinado con admirable disciplina al planeta. Por último, hacemos una mención especial a la primerísima actriz: La Muerte®, por el simple hecho de existir. A todos y cada uno gracias… por los siglos de los siglos.

20081228

El Vikingo

Quien contradiga el dicho “perro viejo no aprende truco nuevo” se equivoca; yo soy el ejemplo. Tengo un amigo que tiene la virtud de ser Tauro (no Buey). Seré discreto con su nombre: empieza con A, y termina con arón. Un día llegó con una caja de madera bajo el brazo; un Ajedrez. Su mirada reveló un leve destello, caminó hacia mí para preguntar: ¿Sabes mover las piezas? Le dije que no. Acercó una silla, despejando un costado de mi escritorio al tiempo que colocaba el tablero con autoridad: Te enseño. Comenzó entonces una auténtica masacre. Me venció con las celadas de rigor. A partir de ese momento quedé prisionero de tan antiguo juego. La primera enseñanza: aprendí a perder. Pero no me gusta; ahora sólo quiero ganar.

Fuí de inútil a notable. A mi edad es un logro, si vemos que la mejor etapa de aprendizaje es la infancia. Es más, gracias a esta maravilla figura en mi expediente laboral una Acta Administrativa "Por jugar el juego de Ajedrez", cuando fumar en un edificio gubernamental, estar ocho horas pegado al Chat, descargar música, samples pornográficos y largas horas al teléfono se consideraba normal.

Tengo pendiente una partida con El Vikingo, el Gran Maestro danés Bent Larsen. Fue retador a la corona mundial de la FIDE, además de ser 1er. Tablero en el match Rusia vs Resto del Mundo, por encima del Mozart del ajedrez Bobby Fischer, quien fue 2do. Tablero. Él me espera paciente en Argentina. La información más reciente que tengo me lo envió él en un libro autografiado, que leo torpemente -está en inglés-. Son sus mejores poemas; ahora estoy cierto.

20081224

Pinche destino

El pueblo de mi abuelo –que ayudó a fundar allá por 1930 –era mi refugio vacacional. Cerros, ríos, veredas y el parque central. Ahí mis cuates y yo nos deleitábamos viendo caminar a Meche. Nadie cruzaba el parque como ella, con su vestido blanco que transparentaba el deseo; nuestro deseo por verle cada mañana con rumbo al nixtamal. Pero como dijera mi madre: la felicidad siempre viene acompañada de la tristeza; sucedió.

No sé cómo nos enteramos un día que Meche se iría del pueblo. Un extraño personaje llegaba a desposarla. Convocamos una reunión de emergencia entre las ramas de un gran árbol de almendra, a un costado de la iglesia del Sagrado Corazón. Tan enajenados estábamos por la serie El Avispón Verde, que con astuta e inigualable velocidad iniciamos un plan de contingencia contra aquel suceso. Comenzó la lluvia de ideas.

1.- Rapto (descartado por inoperante).
2.- “Tronar” el carro donde se la llevarían (descartado por ignorar cómo).
3.- Matar al pretendiente (descartado para no arder en el infierno).
4.- Ir a comer nieve con galleta en la tienda de don Limber (aceptada por unanimidad y con voto de calidad de mi primo, quien iba a pagar).

No es que nos hubiéramos rendido, pero con nueve años no se podía hacer mucho. Era simple, realmente no podíamos interferir en el destino de Meche. ¡Pinche destino! Luego supe, murió de cáncer de matriz. ¡Pinche cáncer!

20081221

Ocías el soñador

El comandante Castro leyó la lista de voluntarios, integrada por coroneles y generales del ejército cubano, quienes esperan instrucciones.

-Los he reunido para una misión muy importante, de alcance continental, que iniciará en un país sudamericano.

Los militares aceptan sin dudar; excepto uno. Es el general Ocías, héroe del asalto a Santa Clara. La noche anterior soñó a un Cóndor que surcaba el cielo, proyectando su negrura sobre montañas, luego hombres danzando en medio de la oscuridad, quienes lo miran con ojos pétreos al tiempo que graznan, helándole la piel; mal augurio.

Años atrás, dormidos en medio de un bombardeo infernal en Sierra Maestra, se imaginó matando un León a cuchilladas. Era el triunfo de la revolución cubana. Pero ahora es diferente. Sin disimular el miedo, Ocías cuenta su pesadilla al comandante Castro, quien escucha atento, comentando al final:

-Seremos discretos con su negativa; no más.

El general, en un último intento, pide entrevistarse con el jefe de la misión; quiere advertirle. Fidel le revela que el jefe es Ernesto Guevara, pretendiendo con esto sumarlo al grupo; pero fracasa. Ocías ahora esta cierto del poder de los sueños. Fidel ordena le consulten al Che, quien se niega a recibirlo. Luego del fiasco en El Congo, no se puede permitir debilidades.

Muchos meses después, en la quebrada del Yuro, caen los últimos generales y con ellos el comandante Guevara. Han realizado marchas alucinantes, a más de tres mil metros de altura, combatiendo al ejército boliviano. Mueren en territorio de Kun, el Cóndor; señor de los carroñeros, que vuela en círculos perfectos e infinitos.

20081217

Tribus urbanas

Antes que nada debo advertirle a todo aquel interesado que ser un Emo es algo complejo. Comentan agudísimos especialistas que el integrante de alguna tribu urbana no se hace, nace. De esto se infiere que se corre el riesgo de ser una burda copia; un pinchemo. Hecha la aclaración, continúo.

Se necesita dejar que el cabello crezca hasta cubrir parte del rostro, maquillaje, escuchar cierta música, vestir atuendos oscuros y ser de complexión delgada. Claro, en un país donde habemos un gran porcentaje de obesos, puede representar un obstáculo. Por último, y de vital importancia: se necesita una filosofía.


Ahora bien, pertenecer a una tribu urbana no es tan complicado, con darse de alta en Hacienda y Crédito Público de su localidad usted obtendrá las mismas características de un emo, darketo, punketo; y todos los “etos” que se le ocurran. Si usted pertenece a las estoicas filas de contribuyentes bien podría llamarse contribuyeto. Su filosofía estará cimentada en el IETU, que será como un largo canto, un lamento y depresión profunda. Igual sentirá pena por el mundo y lamentará tanta estupidez del ser humano, pero algo es seguro: no estará solo.

Las manifestaciones públicas serán cubiertas por televisoras, radiodifusoras, diarios locales, nacionales e internacionales. Ya no necesitará sólo firmas y amparos, usted tendrá presencia en los medios. Una presencia que envidiará cualquier político. Y si somos optimistas, surgirán nuevas hordas: los puñetos, borrachetos, feminetas, contadoretos, webmastetos, plastiquetos, marimbetos, escritoretos, mamonetos, gorronetos; y así, hasta el infinito. Las nuevas tribus urbanas.

20081214

Sr. X

He tenido el gusto de asistir a la plaza central diariamente durante meses, y la he visto como nunca. En ella deambulan personajes que siempre aparecen con la precisión de un reloj para vivir como sólo ellos saben: Locos. Saltan al ritmo de las campanas de catedral, corren y se esconden de seres invisibles o se sientan, tranquilos, a platicar de lo "fuerte" que está el calor o de lo "dura" que es la vida. Luego ríen a carcajadas, insultan a quien se atraviese para regresar en minutos y preguntar si de casualidad te sobra alguna moneda que "regalés". Entonces, con la agudeza y claridad que me dan dos tarjetas de crédito, cuatro departamentales, dos celulares, un sueldo regular, además de credencial del IFE y CURP; pregunto: ¿Quien está realmente loco? ¿Quién es gente normal?


Por ejemplo, una mañana X de un día X, suena uno de mis dos celulares. contesto y escucho una voz con acento chilango que me recrimina la falta de pago de X tarjeta, luego me intimida con eso de los intereses moratorios y realmente me asusto. Le digo que no tuve tiempo de ver los estados de cuenta. A media conversación me descubro confesándome con un cabrón que no conoce mi quehacer como hombre normal que va a la oficina de ocho a cuatro, come en media hora y a las cinco, puntual, llega a la plaza central. Espera al grupo en cuestión. Inicia un foro cultural después de arriada la bandera nacional y se aguanta las ganas de bailar, evitando charlar sobre el calor, lo cara que está la vida o reír como imbécil por la llamada de la mañana, porque sin darme cuenta se ha ido otro día sin depositar a X banco. En fin, un hombre normal que simula sentirse a la medida de su cartera.

20081207

El Libro de los Justos

Licenciado, ayúdenos, ¿dónde está su espíritu navideño? Tómelo como una acción que Dios anotará en el libro de Los Justos, que le cuesta, remató la monja mirándome con estudiada ternura. Sin más acepté y me entregaron el traje de Santa Claus. Lo esperamos en la Casa General, saldremos de ahí a repartir regalos; no nos falle. Curiosamente el traje me quedó a la perfección, lo único que no incluía eran las botas. Desempolvé un par que cumplían con el cometido, luego me puse a practicar el clásico Jo Jo Jó. ¿Te portaste bien este año? ¿Hiciste tus deberes? ¿Fuiste un niño bueno? ¿Qué quieres que te traiga? Ensayé poses y movimientos y descubrí que el calor me iba a castigar duro, pero eso qué importaba comparado con la satisfacción de ver a los niños con la chispa de la ilusión en sus ojitos.

A la mañana siguiente partimos con rumbo a nuestra labor altruista. En el camino la monja explicó la mecánica a seguir. Traían regalos en otra camioneta, eran bufandas, blusas, camisas, calcetines y demás prendas. Ellas lo entregarían según el caso. Les hice el comentario de que a un niño le gustan los juguetes, la ropa me la iban a tirar a la cara. ¿Niños?, se extrañó la monja. ¿Quien le dijo que vamos a visitar niños? Vamos a un asilo. Enmudecí. ¿Y las frases? ¿Y los movimientos estudiados? Los nervios me invadieron. Ya no estaba tan seguro de ser Santa Claus.

Un grupo de trabajadoras sociales nos recibió con porras y serpentinas. Apenas bajé me tomaron del brazo llevándome a un salón con más de una veintena de ancianos, sin ánimo, ausentes por completo. Me acerqué a una viejecita en silla de ruedas y le pregunté qué quería de regalo. Me clavó la mirada, suplicante: quiero una familia. Uno a uno fueron pidiendo: quiero que mi hija regrese, quiero salud, quiero un nieto, quiero irme de acá... quiero morirme. Sentí un horrible vacío en el estómago. Un torrente de lágrimas amenazaba con salir, incontenible. Pensé, a la chingada el Libro de Los Justos. Luego recibí una caja con cartas de los ancianos; cartas que no leí jamás. La tristeza me duró meses; yo también quería morirme.