Junio 2007

 

Una mañana de febrero de 2006 en la oficina, se me acerco con cara de alarma "R", compañera de trabajo, para decirme en tono lapidatorio:

-Jefe, ¿sabía usted que en estos días está anunciado que el mundo se va a acabar?-

¡Sóbate! Uno que no está acostumbrado a este tipo de noticias tan ligeritas, se me indigestó rápidamente sin haber desayunado. Iba a soltarle una "filípica" cuando agregó:

-¡Se lo juro! Lo dijeron en la televisión hace días unas adivinas, de esas chingonas que predicen el futuro ¡De verdad!

Ante tal argumento no me quedó más que rendirme, y entonces le pregunté qué era lo que opinaba al respecto, digo, sin afán de burlarme, intentando de la manera más sabia un ejercicio matutino de gimnasia mental. "R" fijó su vista en algún punto de mi escritorio, respiró profundo, se acomodó en la silla y dijo, con ingenuo alivio:

-Pues miré, se acabarán mis deudas. Ya no voy a deber en Fábricas de Francia, ni en Electra, ni a...

Y se siguió haciendo un recuento de las cosas que ya no le preocuparían. Ese día aprendí algo más sobre los "mundos posibles" y los "mundos emergentes", quedándome claro que las teorías de salón, los agudos estudios sobre la expansión y contracción del universo, amén de la física cuántica y los "mundos paralelos" valieron madre ante la teoría de "R", a quien le urgía desaparecer "su mundo" y escapar adonde fuera posible. Ni hablar. Un candor de mujer.

Jack