Febrero 2007

Una raza más agresiva de monos expulsó de los árboles a otra raza más pacífica y conformista. La Tribu vencida se exilió de los árboles y fue a instalarse en la llana tierra. Pero allí, el pastizal era alto y tupido y para verse unos a otros y para observar el peligro, los monos derrotados tuvieron que aprender a andar erguidos, sobre dos patas. Y fue así que sin proponérselo, los conquistadores de los árboles, partiendo del pariente más infeliz, inventaron al Hombre, que se vengaría conquistando el mundo.

Mario Halley Mora

(Cuentos breves latinoamericanos)

jack | Autores varios | 27 Febrero, 6:39am | Comentar acerca de esto

Llegó a la oficina con los ojos llorosos y el labio encostrado.

-¿Te golpeó de nuevo el puto de tu marido, verdad? –preguntó la amiga acercándose a intentar curar la herida.

-No. Fue la Malena, yo le dije que no tenía ganas pero ella insistió en que debíamos pasar la noche juntas.

Cynthia

(inédito)

jack | Colaboradores | 27 Febrero, 6:28am | Comentar acerca de esto

Una buena acción es aquella que en sí tiene bondad

 y que exige fuerza para realizarla.

(Montesquieu)

Un día el lobo se dio cuenta de que los hombres lo creían malo.

- Es horrible lo que piensan y escriben -exclamó.

- No todos -dijo un ermitaño desde la entrada de su cueva, y repitió las parábolas que inspiró San Francisco. El lobo estuvo triste un momento, quiso comprender.

- ¿Dónde está ese santo?

- En el cielo.

- ¡En el cielo hay lobos?

El ermitaño no pudo contestar.

- ¿Y tú que haces? Preguntó el lobo intrigado por la figura escuálida, los ojos ardidos, los andrajos del ermitaño en su duro aislamiento. El ermitaño explicó todo lo que el lobo deseaba.

- Y cuando mueras ¿irás al cielo? -preguntó el lobo conmovido, alegre de ir entendiendo el bien y el mal.

- Hago por merecer el cielo -dijo apaciblemente el ermitaño.

-Si fueras mártir, ¿irías al cielo?

- En el cielo están todos los mártires.

El lobo se le quedó mirando, húmedos los ojos, casi humanos. Recordó entonces sus madíbulas, sus garras, sus colmillos poderosos, y de unos saltos devoró al ermitaño. Al terminar se tendió en la entrada de la cueva, miró al cielo limpiamente y se sintió bueno por primera vez.

Manuel Mejía Vallejo

(Cuentos breves latinoamericanos) 

 

 

jack | Autores varios | 19 Febrero, 9:02am | 2 comentarios