Diciembre 2006

 

Agapito Pito era un rimador nato y recalcitrante. Un buen día, viajó a un extraño país donde toda rima, aunque fuese asonante, era castigada con la pena de muerte.

Pito empezó a rimar a diestra y siniestra sin darse cuenta del peligro que corría su vida. Veinticuatro horas después fue encarcelado y condenado a la pena máxima.

Considerando su condición de extranjero, las altas autoridades dictaminaron que podría salvar el pellejo solo si pedía perdón públicamente ante el ídolo antirrimático que se alzaba en la plaza central de la ciudad.

El día señalado, el empedernido rimador fue conducido a la plaza y, ante la expectación de la multitud, el juez del supremo tribunal le preguntó:

-¿Pides perdón al ídolo?

-¡Pídolo!

Agapito Pito fue linchado ipso facto.

Otto-Raúl González

(Sea breve)

 

 

jack | Autores varios | 19 Diciembre, 8:29am | Comentar acerca de esto

La conoció y en el hotel le arrancó la blusa provocativa, la falda entallada, los zapatos de tacón alto, las medias de seda, los ligueros, las pulseras y los collares, el corsé, el maquillaje, y al quitarle los lentes negros se quedó completamente solo.

Marcial Fernández

(Andy Watson, contador de historias)

 

jack | Autores varios | 18 Diciembre, 6:57am | Comentar acerca de esto

No sabemos si fue a causa de su corazón de oro, de su salud de hierro, de su temple de acero o de sus cabellos de plata. El hecho es que finalmente lo expropió el gobierno y lo está explotando. Como a todos nosotros.

Luis Valenzuela

(Cuentos que no muerden)

jack | Autores varios | 15 Diciembre, 7:38am | Comentar acerca de esto

 

En la selva amazónica, la primera mujer y el primer hombre se miraron con curiosidad. Era raro lo que tenían entre las piernas.

-¿Te han cortado? -preguntó el hombre.

-No -dijo ella-. Siempre he sido así.

Él la examinó de cerca. Se rascó la cabeza. Allí había una llaga abierta. Dijo:

-No comas yuca, ni plátanos. ni ninguna fruta que se raje al madurar. Yo te curaré. Échate en la hamaca y descansa.

Ella obedeció. Con paciencia tragó los menjunjes de hierbas y se dejó aplicar las pomadas y los ungüentos. Tenía que apretar los dientes para no reírse, cuando él le decía:

-No te preocupes.

El juego le gustaba, aunque ya empezaba a cansarse de vivir en ayunas y tendida en una hamaca. La memoria de las frutas le hacía agua la boca.

Una tarde, el hombre llegó corriendo a través de la floresta. Daba saltos de euforia y gritaba:

-¡Lo encontré! ¡Lo encontré!

Acababa de ver al mono curando a la mona en la copa de un árbol.

-Es así -dijo el hombre, aproximándose a la mujer.

Cuando terminó el largo abrazo, un aroma espeso, de flores y frutas, invadió el aire. De los cuerpos, que yacían juntos, se desprendían vapores y fulgores jamas vistos, y era tanta su hermosura que se morían de vergüenza los soles y los dioses.

Eduardo Galeano

(Memoria del fuego. I.- Los nacimientos)

 

 

jack | Autores varios | 11 Diciembre, 10:13am | Comentar acerca de esto

Le pregunté a la culta dama si conocía el cuento de Augusto Monterroso titulado "El dinosaurio".

-Ah, es una delicia -me respondió- ya estoy leyéndolo.

José de la Colina

(Tren de historias)

jack | Autores varios | 11 Diciembre, 7:57am | Comentar acerca de esto

Vivía en El Toboso una moza llamada Aldonza Lorenzo, hija de Lorenzo Corchelo, sastre, y de su mujer Francisca Nogales. Como hubiese leído numerosísimas novelas de estas de caballería, acabó perdiendo la razón. Se hacía llamar doña Dulcinea del Toboso, mandaba que en su presencia las gentes se arrodillasen, la tratasen de Su Grandeza y le besasen la mano. Se creía joven y hermosa, aunque tenía no menos de treinta años y las señales de la viruela en la cara. También inventó un galán, al que dio el nombre de don Quijote de la Mancha. Decía que don Quijote había partido hacia lejanos reinos en busca de aventuras, lances y peligros, al modo de Amadís de Gaula y Tirante el Blanco. Se pasaba todo el día asomada a la ventana de su casa, esperando la vuelta de su enamorado. Un hidalgüelo de los alrededores, que la amaba, pensó hacerse pasar por don Quijote. Vistió una vieja armadura, montó en un rocín y salió a los caminos a repetir las hazañas del imaginario caballero. Cuando, seguro del éxito de su ardid, volvió al Toboso, Aldonza Lorenzo había muerto de tercianas (1)

Marco Denevi

(1) Tercianas: Fiebre intermitente cuyos accesos se repiten cada tres días

jack | Autores varios | 7 Diciembre, 7:21am | Comentar acerca de esto

Conocí a un elefante que se enamoró de un ruiseñor, perdió peso, no dormía y, al final, murió de un ataque cardíaco. Los que nada saben de la naturaleza del elefante han dicho que era un tonto

Zbigniew Herbert (1924-1998)

http://www.textosentido.org

 

jack | Colaboradores | 5 Diciembre, 10:53am | Comentar acerca de esto

Literatura no es cantidad, qué va. Y por supuesto, literatura es cantidad. Mientras aquí no escriban hasta los perros y no se publiquen mares de páginas inflamables, no vislumbraremos -sorpresas aparte- la natural obra maestra mexicana. Sí, calidad es cantidad. De la cantidad asciende la literatura.

Ricardo Garibay

(Cómo se pasa la vida)

jack | Autores varios | 5 Diciembre, 6:41am | Comentar acerca de esto