Agosto 2006

Abelardo camina. no habla, sólo tararea y canta. La fiesta lo dejó ácido.

Noche seca, falta sangre para humedecerla. La calle los árboles las plantas los pájaros la oscuridad hay un canto, de tambores, él calla.

Las plantas los árboles las hojas los cantos los tambores los pájaros gritos de ratas un bosque pasos atrás no son tambores no son ratas; rateros: corren, corren atrás. Corre, Abelardo corre, intenta volar, vuela, una rama en la cabeza lo golpea y se zangolotea, cae; la rama: un puño. Voces dicen que se entregue, que se identifique, saca la cartera, no hay dinero, la raíz de un árbol lo patea, todos lo patean, hojas le hablan al oído: ¡fuera zapatos! Otra rama en la cabeza; la otra rama: otro puño. Abelardo se va... pero se queda. Se pierde.

Despierta, ¡qué pasó?, le duele la cabeza, los brazos, el tronco, él no fue árbol, no hay árboles, sólo postes, postes con cables, cables con zapatos, coleccionan zapatos, él no los tiene. Se levanta, camina con trabajo, llega a la esquina, ve un letrero: DR. GONZÁLEZ.

¡Ahh!, no fue el bosque, está en la Doctores.

Javier Matarrena

(Fábulas, fobias y filias) 

jack | Colaboradores | 29 Agosto, 6:22pm | Comentar acerca de esto

Engañando al tiempo como una fotografía, tengo que usar la chamarra invariablemente, como esa noche. Para que Julia, en caso que asista, reconozca esa misma mirada sostenida sobre sus hombros. Creo qué su pelo era negro. Sí, negro. Ella a lo lejos, recargada en un tubo del diseño industrial del bar, miraba en una óptica, que ahora contemplo, el mural que pintó Enrique para la inauguración. Julia, debe ser su nombre definitivamente. Qué mejor nombre para una mujer que ejerce ese magnetismo como las sombras de los grandes árboles que nos seducen a sentarnos en sus raíces aéreas, traducen de vez en cuando la fuerza de la tierra. En la resolución geométrica del mural prevalece el azul que tiñe el vaso metálico que empuño. Con este trago cubro el cover del pub al que asisto los miércoles, como una procesión de fe. Odio tomar solo, aunque tiene la ventaja que llega el momento que uno concluye que todo vale nada. Es ella. Sí, es Julia. De pie, permanece mirando algún detalle del mural desde el lugar que ocupé aquella noche. Es el mismo vestido, sólo que ahora tiene mi mirada. Dudo del vértigo que siento de esa extraña sensación que hace ladrar los perros antes del terremoto. Dudo de lo ojos de amor que sueltan los amarres del corazón, y es que he visto a Julia en todas partes, en diferentes lugares al mismo tiempo, como despidiéndose. Sí, es ella. Su olor a ese humo de hojas secas lo confirma. Sé que tengo tiempo para escribirle algo, cuando la palabra sabe entenderse con la muerte. Con un automatismo que asombraría a Breton, escribo sobre la servilleta europea que tiene al calce dos ángeles. Escribo como la primera, la última vez, sin llegar a espantar al pájaro que invento. Sonríe un neonazi en la mesa de enfrente, es rara la expresión después de leer y firmar con una cruz como testigo de mi evidencia que le acabo de entregar. Dejo atrás la mesa acrílica en donde escribí, simulando ir al baño. Me detengo al golpe que voltea Julia sin más, como una invitación entrego la servilleta. Qué no crea que es una invitación de primera comunión, caramba. Julia, estaba preparada, al instante me intercambia una invitación vinílica a un carrete. Extrañada me mira a los ojos, concluyo que no entiende mi caligrafía. De memoria inicio la traducción, en alta voz primeramente y en la medida que me siento enuncio quedo. Todo tiene su límite, dicen. Pero más que límite todo tiene su momento. Y este es el momento que declaro que usted cuenta con pleno derecho de mi persona para los fines que desee. Usted tiene que saber que cuenta conmigo, es necesario. Ella toma mi mano y vuelve la mirada al mural. Ahora percibo la textura de la pintura en la pared, el azul es más intenso. Pienso en la invitación al carrete, en que es un salvoconducto para salvar el amor por seis u ocho horas en la galería de la percepción que se abre con el éxtasis. El sudor de las manos ha desaparecido. Le digo mi nombre y ella se limita a decir hombre del mar. Accidentalmente al pronunciar su nombre alcanza el tono en sol mayor armonizando con la música tecno del lugar. Cómo acerté, pudiendo inventar otro nombre más femenino, digamos, pero Julia es la palabra exacta para una mujer que sabe derrotar al sol con sólo nombrarlo. Somos una roca, no podemos ser más esta noche. Después de estar sentados completando los diversos ángulos del mural, inevitablemente iremos al apartamento para conversar en las escaleras o estar acostados desnudos esperando que amanezcan sucesivamente los días que permite el insomnio del amor.

Mario Nandayapa

(Inédito)

jack | Colaboradores | 28 Agosto, 6:51am | 1 comentarios

Ha de estar tomando un café con dulce, y claro, con sus cigarros sin filtro, como siempre. Es tan predecible. Cómo no traje la chamarra de pana. No sé si este temblor es por el frío de la madrugada, o el miedo de abordar el avión. De seguro nadie notará su ausencia en Lima, es tan insignificante. Aunque tiene ciertas virtudes que saca en ocasiones como los magos, y asombrada no queda más que ponerme a reír. Claro, al llegar tomo un taxi. Estoy segura que me diría que me queda espléndido este casimir, dice cosas tan linda. Un año sin trabajar es demasiado, estuvo bien de mantenerlo. Ha de estar pidiendo la segunda taza de café. Quince minutos de atraso es común en esta línea aérea. Esperaré diez minutos más. Llegando le escribiré, o mejor le mando una postal, para que sepa lo que se pierde o lo que gana. Tiene una forma especial de invocar las cosas, ahora ha de estar leyendo en voz alta a Vallejo...Hoy me gusta la vida mucho menos, pero siempre me gusta vivir; ya lo decía. Casi toqué la parte de mi todo y me contuve con un tiro en la lengua detrás de mi palabra. De seguro hizo un silencio, esperando mi llegada. Dudo si es por el clima que suspenden el vuelo, o por que él sabe que este viaje es para los dos, como un periódico extendido que compartimos al leer.

Mario Nandayapa

(Inédito)

jack | Colaboradores | 28 Agosto, 6:45am | 1 comentarios

Vierte algo más que café en el agua hirviendo, y es ese deseo incontrolable de Julia, con lo que sazona tantas cosas. El aire mismo. Que desatino entre una taza de café o hacer el amor. Elijo con dos cucharadas de azúcar. Se disuelve. Y en un vivo relámpago apreso esa boca que no invento. Qué equilibrio, caramba. Ni una sola gota en el plato. La medida que ahora nos separa no es el cielo. Amo el vestido que tienes puesto. ¿Vas a comenzar de nuevo?. Lo dice como ignorando el nombre de mar, siendo navegante. Tiene razón, siempre tiene razón, y no es puro capricho que le antoje decir hermano al mar. Teniendo tanta agua uno se olvida del nombre de la lluvia y de las cosas. Aún sobra café, determina que es para Enrique, quien llega sin un anuncio de más. Presuroso extiende en la mesa el boceto del mural. A lápiz se anticipa lo que pintaremos en un edificio público de la ciudad, con la esperanza que el mural tome la palabra por nosotros, de que las cosas deben cambiar. Los diferentes ángulos de los trazos configuran la multiplicidad de las pequeñas cosas. De como el café es más que angustia, por decir. En busca de la esencia del sabor lo pide sin azúcar, cuando en realidad lo que paladea es una parte de Julia. Especifica dimensiones, colores, relieves. De cómo opacaremos el sol matutino que nos presenta un muro fondeado en blanco. Odio en ocasiones su hedonismo, de cómo sorbe el café de Julia. Me conformo pensar en que la infidelidad es cuestión de la carne y que la lealtad es del espíritu, del alma. Julia armoniza el estadio, depositando un beso carmesí en una hoja en blanco, en esa hoja que lubrica pensando en la penetración de la palabra. Desfigurando la tarde prendo la luz, y la mesa adquiere la limpieza de una frente. Mientras los cigarros acaban, enfatizamos los contrastes, los símbolos. Prevalecerán los espacios limpios en el lado inferior del mural, margen para que los enamorados anónimos se apropien y terminen la resolución plástica enfrentando a los guardias al escribir temblorosos de amor sus nombres enmarcados en algún corazón como evidencia de la espontaneidad.

Mario Nandayapa

(Inédito)

jack | Colaboradores | 28 Agosto, 6:21am | Comentar acerca de esto

Comitán de Domínguez, Chiapas, a 21 de julio del 2006.

Lavaba verduras… Sonó el celular. Una voz cadenciosa dijo: -Compañera habla...  de Chiapas… -un vacío en el estomago, -para informarle que ha ganado el Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 2006 ¡Felicidades! -Mi corazón mudo, la lengua un nudo de trapo. El compañero decidió colgar para ultimar detalles por el teléfono de casa. Un alarido. Más o menos así: Ay!!!…..Timbra el teléfono, nuevamente ...: -compañera ¿qué no se emocionó, o gana premios cada veinte minutos? -Por supuesto que no-, dije -te perdiste el alarido que lancé mientras llamabas de regreso-.

Lo único que puedo decirles es que desde hace mucho tiempo tengo  poderosos motivos para amar Chiapas.  Algunos de estos momentos han sido instantes de revelación: la  cara de una niñita de Amatenango del Valle y las figuritas de cerámica que vendía, la luz en una tarde tirada en una banca de la Plaza de San Cristóbal, la fiesta de los Parachicos en Chiapa de Corzo, una anhelada visita a San Juan Chamula, Mujer que Habla Latín de Rosario Castellanos, el Tascalate, el  cochito y las lagunas de Montebello.

A todos estos momentos de estupor  se suma la incredulidad y la temblorina de recibir  el Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 2006. 

Para terminar, comparto con ustedes una cita  del maestro Haruki Murakami en “Tokio Blues” “Soy de ese tipo de personas que no acaba de comprender bien las cosas hasta que las pone por escrito”. Este premio es un aliciente para seguir poniendo por escrito las cosas que no acabo de comprender. Gracias Rosario Castellanos donde quiera que estés.

Montserrat Hawayek 

jack | Colaboradores | 25 Agosto, 5:43pm | Comentar acerca de esto

Y si llueve. Te has puesto a pensar sí llueve, pinche Julia. Resuelta cierra la puerta del apartamento para descender la escalera que da a la calle. Su minucioso talle se confunde con la sombra de la seis. Algo oculta en las manos. Los puños cerrados saben de las palpitantes líneas de las palmas que se hinchan como venas. Inventando una ruta que llevará para alguna parte, dobla a la izquierda donde se abre una amplia avenida. En esa precisa esquina observa en un Café de Chinos como permanece el anuncio que solicita una persona que adivine la fortuna, puesto vacante que ella ocupó hasta que una abierta tarde nombró su suerte en el indicio del café, y la respuesta contundente era un viaje: tomó maletas rumbo para salvar esta ciudad. Te amo Julia, aunque sabes lo que no me imagino. Retoma la marcha por la avenida. Necesita su café dulce y su derecho de mundo. Si no la conociera diría que es taxista por su fina orientación en las intrincadas comunas de la ciudad. En el fondo lo que nos une no es la poesía aunque afirma que daría su vida por algún verso.

Mario Nandayapa

(Inédito)

jack | Colaboradores | 25 Agosto, 9:27am | Comentar acerca de esto

¿Ridículo, yo? Era oportuno vestirme de Santa Closs. De niño sería un placer. Ahora es algo de ese deleite infantil reprimido, la necesidad de trabajo, y claro, complacerte un gusto más. Todo lo demás ya lo sabes. Primero fueron unos piscos para eso de los nervios, luego para el frío. En verdad, no soy tipo de un sólo trago. ¿Qué me puse a gritarle a ese cartel de Pedro Infante? Claro, era necesario decirle que estoy hasta la madre de sus películas. No te rías, maldita Julia. Era más que una fotografía, estaba realmente viva. Pero, porqué teníamos que venir a Plaza Italia. Claro, si tuviera oportunidad de volver hacerlo, lo haría nuevamente en otra dimensión. No es cinismo. En eso que viene la policia ¿recuerdas? Para qué me dijo el comandante: ¡Tranquilo, Jorge Negrete! Eso me explotó. Qué no te rías, Julia. Nada de eso importa, sabes. Todos se divirtieron, eso era nuestro regalo. Y qué la noche del veinticuatro de diciembre lo pasemos en la cárcel vestidos de Santa Closs, es formidable.

Mario Nandayapa

(Inédito)

jack | Colaboradores | 25 Agosto, 9:22am | Comentar acerca de esto

Ha de ser un restaurante con vista a la calle, como siempre, donde Julia en severo silencio fuma un tercer cigarro sin filtro. Llueve. Afuera llueve algo más. Mínimos albañiles construyeron sólidas y altas tapias en las ventanas del apartamento y en la puerta de la recámara de Julia, un muro. Mezcla compacta que derribo de tajo al mover tenuemente la manigueta. Tiembla la ciudad. Julia, no voy a poder salir del sueño. La pieza está abierta como el vuelo de cierto papalote con una lámpara encendida que sustituye esa luna que falta de día. Todo orden, las paredes con su azul, la cama tendida y un libro en una lengua extraña con la que me habla detrás del pelo, como siempre. Maldita, no te vayas. Un globo suspendido eclipsa levemente este remoto país. Julia, te prometo no importunar a los actores aficionados de tus sueños. Sí. Estoy sentado en un rincón. Julia, vamos a improvisar. El globo pierde altura. Todo es motivo de la luz. Interpreto el anuncio para ir a la sala donde encuentro el jarrón colombiano en perfecto estado. Al voltear veo a Julia entre los colores que recobran su nitidez con la intensidad de la luz. Así como el ámbar de sus ojos después de la lluvia. Sin más luminosidad que la certeza, recobramos el sur con una respuesta inadecuada.

Mario Nandayapa

(Inédito)

jack | Colaboradores | 25 Agosto, 9:12am | Comentar acerca de esto

Por Julia sería capaz de contar las hojas de ese árbol, por decir. Pero eso de ordenar el apartamento, por favor. Julia tiene una actitud mágica que al aplicarla no me funciona: coloca un florero en el centro del desorden, y todo adquiere su exacto equilibrio. Llueve. Afuera llueve. Me resisto a abrir la puerta del apartamento. Y más que ese amor a la lluvia que me lleva a mi pueblo, o el sedante que significa cruzar el umbral de la puerta es el deseo de no mover nada. Desorden lo nombra Julia, para mí es la clasificación a la medida de la gramática de mi vida. Aquí estaré parado bajo la cornisa del edificio a fin de no mojarme. Este año será bueno, así lo anuncia la lluvia. De súbito tengo la certeza que Julia está por llegar. Sin más abro la puerta del apartamento azul, y dictado por algo que no puedo nombrar, resuelvo con una línea infantil a tinta roja un corazón en una hoja blanca, testimonio efímero que pego a lo alto de los libros que como los ejércitos aguardan, de los ceniceros saturados, de hojas que no lograron sus cometidos, de la cama que aguarda algún sueño.

Mario Nandayapa

(Inédito)

jack | Colaboradores | 25 Agosto, 8:11am | Comentar acerca de esto

 

Viajar en tren es como apresar desde una cámara fotográfica, ciertas imágenes en blanco y negro. Algún misterio guarda este paisaje porteño. Julia no se atreve a mirar por la ventanilla, se conforma en leer una sola línea de un libro, imposible que por accidente termine el párrafo o se detenga a mirar estos árboles. Si duerme, despierta sobresaltada. ¿Celoso, yo? Es necesario que lo conozca. Sé que falta poco para estar con él, a kilómetros de distancia se anticipa con pequeños detalles, su olor tal vez. Y antes de ver las primeras casas, impertinente se presenta y no queda más que bajarse del tren. Para Julia, caminar estas diez cuadras que nos separan de algo inevitable, es como ascender un edificio de treinta pisos. Tengo miedo. Que no te escuche. Como una declaración de fe, un silencio virtual entre los tres complementa esta noche donde una luna es imprescindible. El silencio toma la medida del tipo que tenemos enfrente. Julia pierde estatura, de rodillas, retoma palabras sacras de una lengua extraña. Algo impide tocarla. Las palabras desencadenadas se salvan en una canción interminable que cobra fin cuando ella levanta la mirada en algún lugar donde la razón acaba. Su frente adquiere otra dimensión. Si pudiera acabar con todo esto, pero no alcanzo a traducir fonéticamente su nombre, ni mover brazo alguno. Sé que él domina la situación con imperceptibles movimientos mientras ella rompe la distancia y con ello el silencio. Qué dirán en ese murmullo. Sin pudor se deja despojar de una media ofreciendo una pierna tangible como el deseo que experimento. Ahora es otra canción la que entonan. No existe espacio para el silencio que permite levantarme y escapar de la ropa que cubre al animal en busca del ilícito placer que descubrimos los tres en este instante. Y ahí nos quedamos, Julia yo cada vez más agua, satisfechos con el mar que regresa a su marea baja.

Mario Nandayapa

(Inédito)

jack | Colaboradores | 24 Agosto, 9:20am | Comentar acerca de esto

 

¿Lo leo de nuevo? No, ahora no. Mejor vamos a ver la lluvia. Sabes, estoy segura que alguien llora mientras ve caer la lluvia. No abras la ventana, pinche Julia, se va a mojar el escritorio. ¡Ah! sí, y tú hablando que el rompecabezas de la mesa le falta una pieza de sol, y porqué no mejor de lluvia. Habitamos este apartamento, sólo después de haber comparado tantas puertas, ventanas y escaleras, porque siempre habrá una escalera. ¿Y si el poniente es un invento de la ventana? Vamos saca la mano, así. Qué rico, ¿Verdad? Qué ridículo te ves remangándote la camisa. ¿Sientes el agua? No, qué va. Cierra los ojos. Tramposo, mejor trae la plantita, ¿Si? Ella sabe que noche como la de hoy son el puente extraño que nos conduce a nuestro pueblo. Huele a café, esta hirviendo. No hay nada en la estufa. Qué raro. No es de la cocina sino de la ventana de donde proviene ese olor que me asalta de repente, ese olor que nombra algo más que la humedad. Que llueva, que llueva, la virgen de la cueva, que sí, que no, que caiga un sapo redondo en el escritorio. Cómo, qué dices. Que te quiero, sordo. Ahora cae granizo, miles de hombres trabajan en el techo, en agosto, sí en agosto, qué poca madre, ¿Ridículo, yo? mamá dónde estará, pinche ruido, 17 o 18, no sé. Cómo. ¡Que prisa tenía la lluvia! Mira, está acabando. Estoy más vacía que antes. ¿No quieres un granizo? Son tan ricos, saladitos. Mejor léeme el poema, vamos. Es abril / y la lluvia se anuncia /y los cotorras nacen /y los hombres regresan a casa /y tú eres abril / hembra que monta a caballo / hembra que silba / hasta madurar mangos /y la lluvia se precipita /y los cotorras vuelan /y los hombres no encuentran la casa /y tú eres abril /.

 

Mario Nandaya

(Nandayapa) 

 

jack | Colaboradores | 24 Agosto, 6:13am | Comentar acerca de esto

Subió en la misma combi que yo, y se sentó exactamente enfrente de mí, fue cuando me percaté de algo muy extraño: El rostro de esa chica se iba transformando, sus ojos se hacían cada vez más grandes,  el color de su piel cambiaba,  sus pestañas crecían, su nariz se afilaba, su cabello en un instante se hizo más largo, me asusté realmente y dejé de mirarla, pero había algo en ella que me obligaba a observarla, al bajar del colectivo creció inmensamente  y ya era más alta que yo…. Lo que hace el maquillaje y un cambio de zapatos, ¿no?...

Andrés Campos

 

jack | Colaboradores | 17 Agosto, 6:59am | 2 comentarios

Tía Teresa con el rostro lívido y a punto de desfallecer va corriendo por toda la casa gritando: ¡Rosita, Rosita, el alma en pena de la difuntita Fabiana! El alma en pena de la difuntita Fabiana!. Mi madre, que no oculta su curiosidad pregunta: ¿Dónde Tía Teresa, dónde? ¡Allí en su cuarto, acabo de verla justo cuando iba yo a entrar! A ver, dice mi madre, vamos. Se dirigen al cuarto, Tía Teresa escondiéndose temerosa detrás de mi madre y  ella resuelta y decidida abre la puerta y mirando el reflejo de ambas en el espejo del ropero que da exactamente hacia afuera dice: ¡Mire Tía Teresa, ahora son dos las almas en pena!

Andrés Campos

 

jack | Colaboradores | 17 Agosto, 6:54am | Comentar acerca de esto

Lo amaba, a pesar de su licantropía, hasta que en una noche de luna llena,  el muy imbécil se largó con la perra huskie de mi vecino.

Andrés Campos

 

jack | Colaboradores | 17 Agosto, 6:51am | 1 comentarios

Lo había decidido... nada ni nadie me haría cambiar de parecer, así que lo preparé todo,  y me gustaba la manera romántica: había conseguido clandestinamente un revólver Smith and Wesson .38 especial de medio uso en un mercado de baratillo. Un disparo en la sien era lo mejor para acabar con todo. Llegué a casa, puse un disco: Charlie Parker, encendí un cigarro; había llevado una vida muy jodida últimamente: mi mujer me abandonó, perdí mi casa y mi empleo, debía mucho dinero y me buscaba la mafia, ¿qué más daba?... El suicidio era un pecado, quien se quitaba la vida recibía el castigo divino por el peor de los crímenes, nadie tenía derecho de atentar contra su propia existencia y toda esa sarta de pendejadas que aprendí de pequeño me vinieron a la mente en el preciso momento del disparo. Sentí mucho calor, la sangre chorreaba por mi cara, todo se nubló; una sustancia viscosa resbalaba por todo mi cuerpo, me sentí atado a algo, luego: un fuerte jalón, un levantarme en vilo, una gran nalgada, y un llanto que no pude reprimir...

Andrés Campos

 

jack | Colaboradores | 17 Agosto, 6:40am | Comentar acerca de esto

He mandado a la chingada el terror a las alturas y a los espacios abiertos sentado en una barda desde la azotea. Es clara la noche extendida como un campo sembrando después de la lluvia. Julia rastrea algo en el cajón del ropero. Octubre se confirma con esta luna nueva a las dos de la mañana. Preciso un café caliente y unos calcetines de algodón. El anuncio del eminente amanecer ilumina las gradas que desciendo para llegar al apartamento. Julia desocupa pequeñas cajas debajo de la cama, no advierte mi llegada. Tengo la certidumbre de lo que indaga. Esa extraña lucidez me es común desde aquella tarde que descubrí a través del amor el lado oculto de las cosas. Ella encuentra mis ojos, sin comentarios saco un cassette entre las cartas recibidas del Perú, es lo que buscaba. Todos estos testimonios de una locura sincera más algunas fotografías permanecían empaquetadas en un sobre que archivo en una caja de cartón. Era forzoso el viaje, la separación para el triunfo doméstico. Algo distraída por la noche que acaba, Julia constata el estado de la cinta antes de insertarla en el reproductor. Cómo olvidar el día cuando lo grabamos. La melodía de una guitarra acústica toma por asalto la casa como una visita conocida que sube el pie al sofá, se afloja la camisa y si se le antoja prepara algo de comer. Qué soberbia le ha otorgado los años. En su principio esta música era tímida. Cómo olvidar esos días. Ensayábamos en parques en azoteas en panteones. Todo era acústico. Y más que un juego dadaísta era un pleno ejercicio de amor la trova cotidiana. Julia se encuentra absorta escuchando la cinta como ese día que conoció el mar por primera ocasión. Era urgente grabar, confirmar nuestras esperanzas. El paquete que nos ofrecía una casa disquera consistía en una hora de estudio de grabación y una sola cinta, la decisión fue inmediata. Ese día atravesamos la ciudad de Santiago en bicicleta, ella sentada en la parrilla sostenía la guitarra. La avenida que divide en dos la ciudad, sus puentes peatonales y esa escultura monumental de Plaza Italia, apenas visibles, quedaron atrás. En la medida que nos acercábamos al estudio de grabación deseaba que se extendiera la distancia, así que al llegar no me detuve y continué completando dos vueltas a una misma cuadra. El operador del equipo de sonido, un hombre práctico, instaló la guitarra y puso un micrófono. Eso no era el trato. Necesitábamos un micrófono adicional para los coros de Julia. Su naturaleza práctica no lo inmutó, nos dejo un sólo micrófono. Como un anuncio de lluvia y el repentino sol que rompe el interés fue el transcurso de la hora empleada para grabar nuestra canción. Julia estuvo dentro de mí aunque distaba a dos metros, acentuando los coros. En esta noche que se aleja con el ruido de los primeros carros, vamos a escuchar por última vez esta declaración de fe, esta declaración que me antoja cambiar la letra, por decir ... Sin guitarra /el cuerpo único enlaza lenguas con octubre / Sin alcaravan/ que llama amaneceres / me sumerjo en tu aliento de lagarto...Al término de la cinta, Julia me abraza y no hay más que un sol para salir a caminar por estas calles donde nadie espera.

Mario Nadayapa

(Inédito)

jack | Colaboradores | 15 Agosto, 8:03am | Comentar acerca de esto

...Bertín caminó casi dos horas por diferentes calles de Suchiapa, y cuando decidió regresar a su casa, a las afueras del pueblo, escuchó una voz que desde la oscuridad murmuraba algo. Se acercó para ver de quien se trataba. Cuando pudo ver con mas claridad se dio cuenta que se trataba de un borracho que, de tan embriagado, hablaba solo; era: “La Miguelona”, el homosexual del pueblo que, al ver a Bertín, con movimientos torpes se paró y le dijo con voz quebrada: -¡Bertín, hacéme el favor por vida tuya! -Y bajándose los pantalones le enseñó las nalgas al tiempo que decía: -¡metémelo! – Entonces sujeto el miembro de Bertín con la mano izquierda, sin que éste se opusiera.

En las mañanas siguientes era común ver a Bertín caminar en las calles con su mecapal en la mano buscando trabajo en el mercado sin hacer caso a sus compañeros que le gritaban: -¡Bertín vení a vé esta revista! -Bertín sin voltear a ver continuaba su camino.

Algunos desvelados decían  ver a Bertín  por las solitarias calles de Suchiapa, siempre con su mecapal en la mano. Por las noches buscaba a los borrachitos que se quedaban  durmiendo en las banquetas, y con mucho cuidado, utilizando una hoja de afeitar, les cortaba el pantalón en la parte trasera. Luego los enganchaba con su mecapal de manera tal que no pudieran escapar. Luego los levantaba con sus poderosos brazos y consumaba el acto en cuestión de diez minutos; más o menos. Se supo entonces en el pueblo, que cuando alguien salía de noche de alguna fiesta comentaban a manera de broma ¡ ahí te va a pepená Bertín ¡

La verdad es que muchos borrachitos terminaron entre los brazos y el mecapal de aquel gigante, lo que provocó que las fiestas se realizaran en las mañanas y tomaran poco licor. Antes de que anocheciera los festejantes se iban a sus casas. Las cantinas perdieron clientela y muchas de ellas comenzaron a cerrar. Los depósitos de cerveza y licorerías perdieron mucho dinero, y llegaron incluso a pensar en alguna forma de desaparecer al singular personaje.  

Un día Bertín, cansado y aburrido, desapareció del pueblo. Muchos se preguntaron el motivo de su ausencia sin que nadie supiese algo por mucho tiempo.  

La vida continuó en Suchiapa, la confianza regresó a las cantinas, a los expendios de licor, y nuevamente se empezaron a realizar fiestas de noche sin ningún temor, pues Bertín se había ido del pueblo para siempre. Los borrachitos con toda la confianza  volvieron a adueñarse de las banquetas en las noches; todo se “normalizó”.  

Un día Jacinto Vocezota después de una noche de fiesta en casa de su primo Pedro se pasó de copas y  no pudo llegar a su casa debido a su alto grado de embriagues que se quedó dormido en una banca del parque central, la sorpresa tan grande que se llevó al descubrir al día siguiente que sus pantalones estaban rotos en la parte trasera, al parecer con una fina navaja de afeitar y totalmente violado, de inmediato se levantó y gritando en voz alta dijo  ¡ cuídense los bolitos, Bertín ha vuelto ¡  

Rudy Maza

(Inédito)

 

jack | Colaboradores | 11 Agosto, 3:21pm | 1 comentarios

Era un año de cambios importantes dentro de mi vida y en el mundo de las representaciones sociales: estaba casado y mi mujer embarazada. Antes criticaban mis acciones y ahora me trataban con respeto, como al hombre que ha encontrado el camino de la razón y ha sido curado. Leyendo a Jean Baudrillard el mundo de las simulaciones me cautivó. Y me preguntaba: ¿Realmente bombardean Líbano o es una simulación de CNN? ¿Engañar a mi esposa con Gladis es una forma de simular su presencia?

Gladis trabajaba en la librería La Ceiba y no entendía ni madres de las teorías marxistas, que las relaciones de producción habían sido desplazadas por el consumo masivo y que Disneylandia era una simulación de América para los gabachos, pero sí le entraba con amor a Robin Norwood y su libro: Para las mujeres que aman demasiado. Y aquí se chingó, porque Bukowski se impuso con Se busca una mujer; Gladis y su servidor terminamos en un motel. Ella dijo que accedía a ir conmigo dado que se encontraba vulnerable. No dije nada y me dediqué a lo mío. Pasadas las tres de la mañana, dijo “Te Quiero”. Levanté mi pantalón, me calcé los zapatos, arreglé mi camisa y cerré la puerta.

Había empezado a simular amor.

Daniel Durán Ruiz (Inédito)

 

jack | Colaboradores | 5 Agosto, 8:54am | 1 comentarios

..Un sábado quincena, el ingeniero y dos de sus albañiles fueron a la cantina. Más tarde, Cacho entraba a la cantina con ese paso firme que da la seguridad. El ingeniero lo miró, desde las botas hasta los grandes ojos, pasando por las piernas cascorvas.

-¿A poco muy macho? -preguntó a uno de sus albañiles. No creo -contestó éste.

El ingeniero vio maliciosamente a su albañil. Este se levantó rumbo a la barra, donde Cacho tomaba una cerveza.

-¿Eres el Cacho, verdad? -preguntó altivamente el albañil. Primero la furia, luego la pistola, después el balazo. El albañil cayó de rodillas y poco a poco se fue muriendo. Cuando ví que el ingeniero se paró y tomó el mismo camino que el albañil muerto, me pegué a la pared. Se acercó a Cacho, se le quedó viendo y le dijo al cantinero:

-Una copa para Don Alonso Farrera.

Cacho vio al ingeniero y le dijo:

-A mí nadie me invita, pendejo.

Y le pegó un balazo.

Ricardo Ramírez D'Gyves

(Antología del cuento chiapaneco)
jack | Colaboradores | 5 Agosto, 8:53am | Comentar acerca de esto

Un grupo de pescadores se encuentra reunido a orillas del estero Playa Coyol. Escuchan al viejo Franco Ramos, que se arremanga la camisa y en la muñeca izquierda aparece el rostro de María Félix.

-Mi negra no quiso acompañarme al parque de pelota -. Señala el tatuaje y continúa: -Novena entrada, el marcador entre los Tigres y los Diablos Rojos del México es de empate. Cinco carreras por bando. La cuenta es de dos outs en contra de los Tigres. Valenzuela ha recorrido todo el camino y se ve imponente en el montículo de los Diablos. El tablero registró que la última bola de su lanzamiento rebasó los ochenta kilómetros por hora. El manager de los Tigres Chito García, decide meter a un bateador emergente. ¿y quién creen que aparece?

Brotaban nombres de aquí y de allá: el “Bambino” de Monterrey, Hector Espino, Zamudio, el “Diablo” Montoya.

-El jugador se planta erguido y desafiante. El as bajo la manga de los Tigres. Fernando Valenzuela no se amedrenta y lanza su mejor pelota: un “tenedor” que se mueve como el mismísimo diablo. Los espectadores se han puesto de pie, hasta yo me subí a la butaca y veo a Hugo Sánchez chocando la pelota de lleno con la nariz del bat, ¡Home Run! ¡Home Run! ¡Señoras y Señores! ¡Campeones! ¡Hugo Sánchez!

-Oiga tío Franco, no sea mentiroso, Hugo Sánchez no fue beisbolista.

-¡Qué me vas a decir a mí! ¡Sí yo lo estoy viendo!

Daniel Durán Ruíz (Inédito)
jack | Colaboradores | 5 Agosto, 8:52am | Comentar acerca de esto

... Alguna vez, Saúl me contó la historia de una mujer que le pidió un martini, cuando trabajó en un bar de Miami. Llegó sola, con más joyas que amor, buscando entablar una plática. En eso un tipo se acercó a decirle “¿qué hace una mujer como tú en un sitio como éste?”. El contacto resultó exitoso, pero antes de la medianoche se presentó el “marido” convertido en fiera. Le gritó “putana” cada tres o cuatro frases, la sacudió frente a Saúl. Cuando la señora quiso replicar, su amorcito le asestó una buena bofetada.

—¡Putana!— le dijo el italiano—. Te voy a dejar en la calle, sin joyas ni auto. ¡Sólo estabas conmigo por el dinero!

Cuando la bestia terminó de quitarle la bolsa, y sus joyas, y le alcanzaron un vaso de agua, la señora le dijo a Saúl con toda sorpresa:

—Es que yo ni conozco a ese salvaje —.

Un ratero ingenioso, o un hombre que la confundió según ella.

 

Mauricio Alvarado

(fragmento de la novela El oficio de los gajes)

jack | Colaboradores | 5 Agosto, 8:51am | 1 comentarios

-Te amo -dijo ilusionada- y ni la muerte podrá separarnos. Al cerrar la puerta, un paro cardiaco contradijo tamaña mentira.

José Manuel (Inédito)

jack | Colaboradores | 5 Agosto, 8:50am | Comentar acerca de esto

La frase "cuatro o cinco meses de vida" se repetía a cada instante en su cabeza. Absorto por su pena salió del hospital rumbo a la calle donde un automóvil a gran velocidad descartaría el diagnóstico del médico.

José Manuel (Inédito)

jack | Colaboradores | 5 Agosto, 8:49am | Comentar acerca de esto

II

El instante preciso fue aquel que leíste en la primera línea.

Mauricio Alvarado (Inédito)

jack | Colaboradores | 5 Agosto, 8:49am | Comentar acerca de esto

I

Nunca su ceguera le causó tanta amargura, como el día que su pequeño hijo le preguntó el porqué de sus cabellos rubios.

Mauricio Alvarado (inédito)

jack | Colaboradores | 5 Agosto, 8:48am | Comentar acerca de esto

III

Ha llegado el momento de aceptar que soy un mal escritor, porque pierdo el estilo con facilidad… y me hago de palabras con cualquier estupidez.

Mauricio Alvarado (inédito)

jack | Colaboradores | 5 Agosto, 8:47am | Comentar acerca de esto

Hay un recuerdo. Desde millares de fotos, pósters, camisetas, cintas, discos, videos, postales, retratos, revistas, libros, frases, testimonios, fantasmas todos de la sociedad industrial que no sabe depositar sus mitos en la sobriedad de la memoria, el Che nos vigila. Más allá de toda parafernalia, retorna. En era de naufragios es nuestro santo laico. Casi 30 años después de su muerte, su imagen cruza las generaciones, su mito pasa correteando en medio de los delirios de grandeza del neoliberalismo. Irreverente, burlón, terco, moralmente terco, inolvidable.

Paco Ignacio Taibo II

(Ernesto Guevara también conocido como El Che)

jack | Autores varios | 5 Agosto, 8:40am | Comentar acerca de esto

Salió por la puerta y de mi vida, llevándose con ella mi amor y su larga cabellera negra.

Guillermo Cabrera Infante

(Exorsismo de esti(l)o)

jack | Autores varios | 5 Agosto, 8:40am | Comentar acerca de esto

Y cuando desperté, el Dinosaurio todavía estaba ahì.

Augusto Monterroso

(La Oveja negra y demás fábulas)

jack | Autores varios | 5 Agosto, 8:39am | Comentar acerca de esto

El Tito Sclavo pude ver y transcribir algunas partes oficiales de la cárcel llamada Libertad, en los años de la dictadura uruguaya. Son actas de castigo: se condena a calabozo solitario a los presos que han cometido el delirio de dibujar pájaros, o parejas, o mujeres embarazadas, o que han sido sorprendidos usando una toalla estampada de flores. Un preso, cuya cabeza estaba, como todas, rapadas a cero, fue castigado por entrar despeinado al comedor. Otro, por sacar la cabeza por debajo de la puerta, aunque bajo la puerta había un milímetro de luz. Hubo calabozo solitario para un preso que pretendió familiarizarse con un perro de guerra, y para otro que insultó a un perro de las fuerzas Armadas. Otro fue sancionado porque ladró como un perro sin razón justificada.

Eduardo Galeano

(El libro de los abrazos)

jack | Autores varios | 5 Agosto, 8:38am | Comentar acerca de esto

En tiempos de la dictadura militar, a mediados de 1973, un preso político uruguayo, Juan José Noueched, sufrió una sanción de cinco días: cinco días sin visita ni recreo, cinco días sin nada, por violación del reglamento. Desde el punto de vista del capitán que le aplicó la sanción, el reglamento no dejaba lugar a dudas. El reglamento establecía claramente que los presos debían caminar en fila y con ambas manos en la espalda. Noueched había sido castigado por poner una sola mano en la espalda.

Noueched era manco.

Había caído preso en dos estapas. Primero había caído su brazo. Después, él. El brazo cayó en Montevideo. Noueched venía escapando a todo correr cuando el policía que lo perseguía alcanzó a pegarle un manotón, le gritó: ¡Dése preso! y quedó con el brazo en la mano. El resto de Noueched cayó un año y medio después, en Paysandú.

En la cárcel, Noueched quiso recuperar su brazo perdido:

-Haga una solicitud -le dijeron.

El explicó que no tenía lápiz:

-Haga una solicitud de lápiz -le dijeron.

Entonces tuvo lápiz, pero no tenía papel:

-Haga una solicitud de papel -le dijeron.

Cuando por fin tuvo lápiz y papel, formuló su solicitud de brazo.

Al tiempo, le contestaron. Que no. No se podía: el brazo estaba en otro expediente. A él lo había procesado la justicia militar. Al brazo, la justicia civil.

Eduardo Galeano

(El libro de los abrazos)

jack | Autores varios | 5 Agosto, 8:36am | Comentar acerca de esto

En el paraíso terrenal, en el día luminoso en que las flores fueron creadas, y antes de que Eva fuese tentada por la serpiente, el maligno espíritu se acercó a la más linda nueva rosa en el momento en que ella tendía, a la caricia del celeste sol, la roja virginidad de sus labios.

-Eres bella.

-Lo soy, dijo la rosa. -Bella y feliz -prosigió el diablo-. Tienes el color, la gracia y el aroma. Pero...

-¿Pero?...

-No eres útil. ¿No miras esos altos árboles llenos de bellotas? Ésos, a más de ser frondosos, dan alimento a muchedumbres de seres animados que se detienen bajo sus ramas. Rosa, ser bella es poco...

La rosa entonces -tentada como después lo sería la mujer- deseó la utilidad de tal modo que hubo palidez en su púrpura.

Pasó el buen Dios después del alba siguiente.

-Padre- dijo aquella princesa floral, temblando en su perfumada belleza-, ¿queréis hacerme útil?

-Sea, hija mía -contestó el Señor sonriendo.

Y entonces vio el mundo la primera col.

Rubén Darío

(Cuentos completos)

jack | Autores varios | 5 Agosto, 8:30am | Comentar acerca de esto

Para que su horror sea perfecto, César, acosado a pie de una estatua por los impacientes puñales de sus amigos, descubre entre las casacas y los aceros la de Marco Junio Bruto, su protegido, acaso su hijo y no se define y exclama: ¡Tú también hijo mío! Shakespeare y Quevedo recogen el patético grito.

Al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías; diecinueve siglos después, en el sur de la provincia de Buenos Aires, un gaucho es agredido por otros gauchos y, al caer, reconoce a un ahijado suyo y le dice con mansa reconvención y lenta sorpresa (estas palabras hay que oírlas, no leerlas): Pero ¡ché! Lo matan y no sabe que muere para que se repita una escena.

Jorge Luis Borges

(El Hacedor)

jack | Autores varios | 5 Agosto, 8:26am | Comentar acerca de esto

Aquí dio un gran suspiro don Quijote y dijo:

-Yo no podré afirmar si la dulce enemiga(1) gusta o no de que el mundo sepa que yo la sirvo. Sólo sé decir, respondiendo a lo que con tanto comedimiento se me pide, que su nombre es Dulcinea; su patria, el Toboso, un lugar de la Mancha; su calidad por lo menos ha de ser de princesa, pues es reina y señora mía; su hermosura, sobrehumana, pues en ella se vienen a hacer verdaderos todos los imposibles y quiméricos atributos de belleza que los poetas dan a sus damas: que sus cabellos son oro, su frente campos elíseos, sus cejas arcos del cielo, sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol su pecho, marfil sus manos, su blancura nieve, y las partes que a la vista humana encubrió la honestidad son tales, según yo pienso y entiendo, que solo la discreta consideración puede encarecerlas, y no compararlas.

(1) Llamar a la dama enemiga es motivo característico de amor cortés, en la tradición de los trovadores.

Miguel de Cervantes Saavedra

(Don Quijote de la Mancha, 1ra Parte, Capítulo XIII, pág. 115)

jack | Autores varios | 5 Agosto, 8:25am | Comentar acerca de esto

Angola / 1965

... El teniente coronel Lambert, simpático, con aire festivo, me explicó cómo para ellos los aviones no tenían ninguna importancia, porque poseían la dawa, medicamento que hace invulnerable a las balas.

-A mi me han dado varias veces y las balas caen sin fuerza al suelo.

A poco me dí cuenta de que la cosa iba en serio. Esta dawa hizo bastante daño para la preparación militar. El principio es el siguiente: un líquido donde estan disueltos jugos de yerbas y otras materias mágicas se echa sobre el combatiente al que se le hacen algunos signos cabalísticos y, casi siempre, una mancha de carbón en la frente; está ahora protegido contra toda clase de armas del enemigo (aunque esto también depende del poder del brujo), pero no puede tocar ningún objeto que no le pertenezca, mujer, ni tampoco sentir miedo, so pena de perder la protección. La solución a cualquier falla es sencilla, hombre muerto, hombre con miedo. Como el miedo acompaña a las acciones de guerra, los combatientes encontraban muy natural achacarle la herida al temor, es decir, a la falta de fe. Y los muertos no hablan, se les puede cargar con las tres faltas...

Ernesto "Che" Guevera

(Pasajes de la guerra revolucionaria en El Congo)

Citado por Paco I. Taibo II en el libro: Ernesto Guevara, también conocido como el Che.

jack | Autores varios | 5 Agosto, 8:24am | Comentar acerca de esto

Hubo una vez un animal que quiso discutir con Sansón a las patadas. No se imaginan cómo le fue. Pero ya ven cómo le fue después a Sansón con Dalila aliada a los filisteos.

Si quieres triunfar contra Sansón, únete a los filisteos.Si quieres triunfar sobre Dalila, únete a los filisteos. Únete siempre a los filisteos.

Augusto Monterroso

(La Oveja negra y demás fábulas)

jack | Autores varios | 5 Agosto, 8:23am | Comentar acerca de esto

Existe un animalito, tan rápido tan rápido, que no se ve, sólo se siente. No lo detiene nada ni nadie. Si encuentra un muro en su camino, tiene la facultad de remontarlo. Avanza por los más estrechos intersticios del mundo. Porque este animalito es medio gato, que no gata; y medio ratón, que no rata. Sus huesos cartilaginosos se acomodan ante el desafío.

Cuando el diluvio, Noé no lo registró en su bitácora, porque como ya dije-, es tan rápido, que no lo vio subirse al arca.

Este animalito es el responsable de que la humanidad no fenezca. Hay quienes lo conocen como AMOR. Yo, simplemente lo nombro... TE QUIERO!

Ulíses Mandujano Nájera

(Don cenizo y... doce más)

jack | Autores varios | 5 Agosto, 8:23am | Comentar acerca de esto

... Pedía autos que no existían y al tiempo me los traían. Me pasó con una Mercedes Benz Cabriolet, que no llegaba nunca a Italia. Yo le tiré la cosa a Guillermo y él llamó a Mercedes, picaba siempre. La cosa es que pasó el tiempo y un día Guillermo me llamó para que me asomara al balcón... Miré para abajo y ahí estaba: la Mercedes, con todos los tipos que la habían traído alrededor, todos capos, era la primera que entraba en Italia. Bueno, bajé, todo muy lindo, abrazos por acá, abrazos por allá, pedí la llave y me subí. Toqué todo, el volante, los controles, una maravilla... Por ahí, miré para abajo y ví la palanca: "Es automática", les dije. A Guillermo se le transformó la cara: Sí, Die, sí, es automática, último modelo. Me bajé, les dí la llave a los tipos, les dije muchas gracias y subí a mi casa: a mí no me gustaban los autos con caja automática. Ahora que lo cuento, ¡qué locura!

Diego Armando Maradona

(Yo soy el Diego)

jack | Autores varios | 5 Agosto, 8:22am | Comentar acerca de esto

I

-Estábamos en el paraíso. En el paraíso no ocurre nunca nada. No nos conocíamos. Eva, levántate.

-Tengo amor, sueño, hambre. ¿Amaneció? -Es de día, pero aún no hay estrellas. El sol viene de lejos hacia nosotros y empiezan a galopar los árboles. Escucha.

-Yo quiero morder tu quijada. Ven. Estoy desnuda, macerada, y huelo a tí.

Adán fue hacia ella y la tomó. Y parecía que los dos se habían metido en un río muy ancho, y reían, mientras pequeños peces equivocados les mordían las piernas.

Jaime Sabines

(Otro recuento de poemas / Adán y Eva / 1952)

jack | Autores varios | 5 Agosto, 8:21am | Comentar acerca de esto

Había una vez una Rana que quería ser una Rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello.

Al principio compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad.

Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl.

Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una Rana auténtica.

Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.

Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una Rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena Rana, que parecía Pollo.

Augusto Monterroso

(La oveja negra y demás fábulas)

jack | Autores varios | 5 Agosto, 8:21am | Comentar acerca de esto

Hace años, en Kiev, me contaron por qué los jugadores del Dínamo habían merecido una estatua.

Me contaron una historia de los años de la guerra.

Ucrania ocupada por los nazis. Los alemanes organizan un partido de fútbol. La selección nacional de sus fuerzas armadas contra el Dínamo de Kiev, formado por obreros de la fábrica de paños: los super-hombres contra los muertos de hambre.

El estadio está repleto. Las tribunas se encogen, silenciosas, cuando el ejército vencedor mete el primer gol de la tarde; se encienden cuando el Dínamo empata; estallan cuando el primer tiempo termina con los alemanes perdiendo 2 a 1.

El comandante de las tropas de ocupación envía a su asistente a los vestuarios. Los jugadores del Dínamo escuchan la advertencia:

-Nuestro equipo nunca fue vencido en territorios ocupados.

La amenaza:

Si ganan, los fusilamos.

Los jugadores vuelven al campo.

A los pocos minutos, tercer gol del Dínamo. El público sigue el juego de pie y en un solo largo grito. Cuarto gol: el estadio se viene abajo.

Súbitamente, antes de hora, el juez da por terminado el partido.

Los fusilaron con los equipos puestos, en lo alto de un barranco.

Eduardo Galeano

(Días y noches de amor y de guerra)

jack | Autores varios | 5 Agosto, 8:20am | Comentar acerca de esto

Charles Drew es un inventor de vida. Sus investigaciones han hecho posible la conservación de la sangre. Gracias a él existen los bancos de plasma, que estan resucitando a miles de moribundos en los campos de batalla de Europa.

Drew dirige el servicio de plasma de la Cruz Roja en los Estados Unidos. Cuando la Cruz Roja resuelve rechazar la sangre de los negros, renuncia a su cargo. Drew es negro.

Eduardo Galeano

(Memoria del fuego. III. El siglo del viento)

jack | Autores varios | 5 Agosto, 8:19am | Comentar acerca de esto

Un hombre de las viñas habló, en agonía, al oído de Marcela. Antes de morir, le reveló su secreto:

-La uva-le susurró- está hecha de vino

. Marcela Pérez-Silva me lo contó, y yo pensé: Si la uva está hecha de vino, quizá nosotros somos las palabras que cuentan lo que somos.

Eduardo Galeano

(El libro de los abrazos)

jack | Autores varios | 5 Agosto, 8:18am | Comentar acerca de esto

Sixto Martínez cumplió el servicio militar en un cuartel de Sevilla.

En medio del patio de ese cuartel, había un banquito. Junto al banquito, un soldado hacía guardia. Nadie sabía por qué se hacía la guardia del banquito. La guardia se hacía porque se hacía, noche y día, todas las noches, todos los días, y de generación en generación los oficiales transmitían la orden y los soldados la obedecían. Nadie nunca dudó, nadie nunca preguntó. Si así se hacía, y siempre se había hecho, por algo sería.

Y así siguió siendo hasta que alguien, no sé que general o coronel, quiso conocer la orden original. Hubo que revolver a fondo los archivos. Y después de mucho hurgar, se supo. Hacía treinta y un años, dos meses y cuatro días, un oficial había mandado montar guardia junto al banquito, que estaba recién pintado, para que nadie se le ocurriera sentarse sobre la pintura fresca.

Eduardo Galeano (El libro de los abrazos)

jack | Autores varios | 5 Agosto, 8:18am | Comentar acerca de esto

Fue en un colegio de curas, en Sevilla. Un niño de nueve años, o diez, estaba confesando sus pecados por vez primera. El niño confesó que había robado caramelos, o que había mentido a la mamá, o que había copiado al vecino de pupitre, o quizá confesó que se había masturbado pensando en la prima. Entonces, desde la oscuridad del confesionario emergió la mano del cura, que blandía una cruz de bronce. El cura obligó al niño a besar a Jesús crucificado, y mientras le golpeaba la boca con la cruz, le decía:

-Tú lo mataste, tú lo mataste...

Julio Vélez era aquel niño andaluz arrodillado. Han pasado muchos años. Él nunca pudo arrancarse eso de la memoria.

Eduardo Galeano

(El libro de los abrazos)

jack | Autores varios | 5 Agosto, 8:17am | Comentar acerca de esto

No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.

Eduardo Galeano

(El libro de los abrazos)

jack | Autores varios | 5 Agosto, 8:16am | Comentar acerca de esto

Como siempre, a la salida, estaba una de las sobrecargo y detrás de ella el capitán o copiloto.

-Muchas gracias –le dijo Feldespato a ella-. Es el aterrizaje más suave que he tenido en mi vida.

-Gracias al capitán –contestó la muchacha e hizo un meneo con su cuello perfecto como diciendo déselas a él.

Feldespato vio que el capitán se erguía como diciendo también.

-La calidad del aterrizaje depende de mí, no de ella, zafio.

Feldespato lo ignoró (siempre tuvo problemas con los uniformes) y le dijo a ella.

-No, el aterrizaje fue perfecto gracias a los tres jaiboles dobles que usted me sirvió.

Marco Aurelio Carballo

(Novios en la barra y otras miniturbocrónicas)

jack | Autores varios | 5 Agosto, 8:16am | Comentar acerca de esto

En la tele estaban haciendo una encuesta entre peatones de la Zona Rosa del DF.

-¿Qué le preguntaría usted a Dios si de pronto lo tuviera enfrente?-era la pregunta.

Mi hijo Bruno y yo escuchamos varias respuestas. Casi todas se referían a la injusticia, a la paz mundial, etcétera. Cuando terminó todo le dije a Bruno, entonces de siete años, cual habría sido su pregunta.

-Le hubiera preguntado por qué él era Dios y yo no.

Marco Aurelio Carballo

(Novios en la barra y otras miniturbocrónicas)

jack | Autores varios | 5 Agosto, 8:15am | Comentar acerca de esto

En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada. Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.

Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.

Augusto Monterroso

(La oveja negra y demás fábulas)

jack | Autores varios | 5 Agosto, 8:14am | Comentar acerca de esto

Al principio la Fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios.

Pero cuando la Fe comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades de las que resolvía.

La buena gente prefirió entonces abandonar la Fe y ahora las montañas permanecen por lo general en su sitio.

Cuando en la carretera se produce un derrumbe bajo el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un ligerísimo atisbo de Fe.

Augusto Monterroso

(La oveja negra y demás fábulas)

jack | Autores varios | 5 Agosto, 8:13am | Comentar acerca de esto

Arránqueme, señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desdúdeme.

Eduardo Galeano

(El libro de los abrazos)

jack | Autores varios | 5 Agosto, 8:13am | Comentar acerca de esto

Comprando una tapadera de excusado supe que hay tazas redondas y alargadas. En la parte más ancha todas son del mismo tamaño. En casa hago una exposición humilde pero extensa sobre la necesidad de poseer una alargada. Explico en detalle pero con tacto por qué motivos necesito una así.

Hay veces en que debo tomar el manojo y encajarlo para que nada quede fuera. Hombre, mido uno ochenta y no digo cuánto peso porque confío en bajar trece kilos. También explico que a veces la paloma queda adosada a la zona que salpican los que hacen pipí. Sugiero también un bidet para el baño de Petunia, pero ella lo rechaza de modo tajante. La posibilidad de colocar un mingitorio en el mío es también descartada.

-Si no es cantina –dice Petunia con voz suave pero lapidaria.

Confirmo que es muy difícil persuadir a la gente de que viva con comodidad.

Antes, en mi pueblo, había que salir al patio y ahí, justo en cualquier nido de zompopos, a sugerencia de mamá, que nunca ha leído al maestro Coccioli, yo lanzaba el chorro humeante.

Claro, eso era en la costa de la selva.

En la gran urbe, descubro que los vendedores de excusados son muy serios y enojones. Lo