Ensamblando arte con máquinas de escribir
Jeremy Mayer es un artista que vive en Oakland California y le encanta construir cosas con piezas de máquinas de escribir, todo lo que construye lo ensambla, es decir, no usa soldadura, ni pegamento, ni tornillos, todo es un ensamble.
Jeremy Mayer me recordó a mi amigo Rodolfo un niño con mucha imaginación, claro, de eso me doy cuenta hoy, en tu infancia no reflexionas, así que la imaginación solamente era beneficioso para el juego, no sabías porqué, pero daban ganas de jugar con Rodolfo.
En la urbe donde vivía era común tener los amigos de la escuela y los amigos de donde vivía, así que con Rodolfo solamente jugaba en la escuela, hasta que un afortunado día cumplió años y me invitó a su casa que para sorpresa no estaba muy lejos de la mía.
Familia modesta, su padre era electricista en la Comisión Federal de Electricidad. Comenzó la fiesta, el cumpleaños, los pasteles en los platos, los refrescos, la piñata y vino la parte emocionante… Los regalos! mismos que se juntaron en una mesa, al tener cierta cantidad Rodolfo me dijo que le ayudara a meterlos a su cuarto, cosa que hice con mucho gusto y orgullo, cuando abrió su cuarto sentí que se abría la cueva de Alí Babá, su cuarto tenía repisas donde acomodaba sus juguetes, aún estaban en su caja o estuche, ¡ninguno abierto!. Metimos sus regalos y regresamos a la fiesta, la fiesta concluyó y luego me preguntó Rodolfo ¿jugamos?, dije sí sin decirlo solo moviendo la cabeza emocionado y abriendo unos grandes ojos, pensaba en todo el tiempo que nos llevaría abrir tanto juguete, pero de pronto veo a Rodolfo jalando un gran saco que desparramó en el jardín.
No entendía, eran trozos de tornillos, pedazos de cables, alambres, cosas redondas, cuadradas, brillantes, cobrizas, plateadas. ¿Y tus juguetes?, -estos son- me dijo. Y comenzó a armar robots, castillos y comenzó la diversión, jamás en mi vida había jugado tan bien con desperdicios que le traía su padre electricista, construimos naves, catapultas, ciudades completas del futuro.
Antes de irme me obsequió una cajita que cuando le daba vuelta a una manivela ¡lloraba!, – mi hermana tiró su muñeca, la abrí y encontré cómo lloraba, toma es tuya-. Muchas veces pasé en casa viendo la cajita y escuchando cómo lloraba al mover la manivela, un día me armé de valor y le pedí a mi papá me prestara un desarmador, quité el único tornillo que tenía la cajita, la abrí y mi vida cambió.
Sitio web: jeremymayer.com
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4 Comentarios para “Ensamblando arte con máquinas de escribir”
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Un día que andaba en el zapping de cuatro canales de la televisión abierta, me detuve en un programa de esos que pasan en la mañana. En la pantalla apareció el taller de juguetes de un señor (no recuerdo el nombre ni el lugar) en un parque público. El taller consistía en una bodeguita atestada de repisas y cajones repletos de tornillos, tuercas, herramientas y muchísimos restos de juguetes: llantitas, motores de cuerda, pedazos de plástico y retazos de madera, muñecos descabezados, piezas cuyos nombres –si tienen uno– desconozco. Cosas así.
El chiste es que los niños llegaban al parque a ver qué podían armar con todo eso. Había una niña que estaba tratando de crear un barco con motor, a partir de materiales reciclados, para jugarlo en una pileta del parque. Iba –dijo– por el quinto intento. Los otros cuatro se hundieron. Pero ése funcionó. Y por la cara que puso, seguro que ese barquito, endeble y todo, valía por todos los juguetes del mundo.
Por cierto, ¿sabes qué ha sido de Rodolfo?
No sé que ha sido o fue de Rodolfo, me lo imagino un señor muy serio construyendo Robots.
WOW!!!!!
Saludos