Escultura en silicón: patriciapiccinini.net
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De Tyfanny, 10 de julio de 1946
Querido señor:
Confío en que no le parezca una impertinencia, pero como usted es el mejor científico que ha existido, me gustaría tener un autógrafo suyo. Por favor, no piense que colecciono autógrafos de famosos, porque no es así. Pero me gustaría tener el suyo. Si está demasiado ocupado, no se preocupe.
Probablemente le hubiera escrito hace ya mucho tiempo, pero no sabía si usted vivía todavía. La historia no me interesa y creía que usted había vivido en el siglo XVIII o por ahí. Creo que lo había confundido con Isaac Newton o con otro. De todas formas, un día en la clase de matemática descubrí que la señorita (a la que nunca atendemos) hablaba sobre los científicos más brillantes. Mencionó que usted estaba en América, y cuando le pregunté si estaba enterrado allí, y no en Inglaterra, ella contestó: "Bueno, todavía no está muerto". Me entusiasmé tanto al oír eso, que casi me gano un castigo en mates.
Me interesan mucho las ciencias, al igual que a muchas otras compañeras de mi curso. Mis mejores amigas son las gemelas Wilson. Cada noche, cuando se apagan las luces del colegio, Pat Wilson y yo nos asomamos por las ventanas de nuestros cuartos, que están uno al lado del otro, y conversamos sobre astronomía, que es nuestra actividad favorita por lo que al trabajo se refiere. Pat tiene un telescopio y estudiamos las estrellas que vemos. La primera parte del año veíamos las Pléyades y la constelación de Orión, después Cástor y Pólux, y lo que pensamos que eran Marte y Saturno. Ahora todos se han movido de sitio, y tenemos que pasar por delante de la habitación del prefecto para ir a otras partes del edificio y continuar las observaciones. Nos han pillado ya varias veces, así que nos resulta bastante difícil.
Pat se sabe mucho mejor que yo la parte teórica. Lo que más me preocupa es cómo puede ser infinito el espacio. He leído muchos libros sobre el tema, pero todos dicien que no pueden explicarlo de manera que lo entienda un lector corriente. Si no le importa decírmelo, no entiendo cómo puede tener una forma de espiral. Pero claro, usted sabe bien lo que dice, y yo no pretendo contradecirle.
Debo disculparme una vez más por haberle robado parte de su valioso tiempo. Lamento mucho que haya adquirido la nacionalidad americana, preferiría que siguiera usted en Inglaterra.
Confío en que esté bien y continúe haciendo muchos descubrimientos científicos importantes.
Un cordial saludo,
Tyfanny
Para Tyfanny, 25 de agosto de 1946
Querida Tyfanny:
Gracias por tu carta del 10 de julio. Debo pedirte disculpas por estar todavía entre los vivos. Aunque bueno, esto se remediará tarde o temprano.
No te preocupes por el "espacio curvo". Más adelante comprenderás que ese estado es el mejor posible. En su sentido estricto, "curvo" no significa exactamente lo mismo que en el lenguaje cotidiano.
Espero que tus futuras investigaciones astronómicas y las de tu amiga no sean nunca descubiertas por los ojos y oídos de la dirección del colegio. Esá es la actitud que adopta la mayoría de los ciudadanos hacia su gobierno, y creo que está bien así.
Te saluda atentamente,
Albert Einstein
De Tyfanny, 19 de septiembre de 1946
Querido señor:
No se imagina la ilusión que me hizo recibir su carta ayer. Todavía no puedo creer que el científico más famoso del mundo haya respondido a mi carta. Muchas gracias. La noticia de que tenía su firma corrió al instante por todo el colegio y dio mucho que hablar.
Ahora estoy en clase de matemática. A la señorita de matemática no le gusta nuestro curso, así que tenemos que trabajar por nuestra cuenta. (Ella se ha negado a explicarnos cuando hablamos demasiado.) Hoy hace un día como de mediados de verano; justo ese tipo de día en que uno necesita salir. Los pájaros cantan y todas esas cosas, y nosotras aquí sentadas aprendiendo que d es igual a no sé qué dividido por no sé cuánto. Ojalá entendiese las mates, porque se necesitan para los cálculos astronómicos, creo.
Olvidé decirle, en mi carta anterior, que era una chica. Quiero decir, soy una chica. Siempre lo he lamentado, pero ahora estoy más o menos resignada a aceptarlo. De todas formas, odio los vestidos y los bailes y todas las cosas que les gustan normalmente a las chicas.
Me interesan muchísimo más los caballos o cabalgar. Hace tiempo, antes de que quisiera ser científica, quería ser amazona. Pero eso fue hace siglos. Espero no me tenga en menor consideración por ser una chica.
Desde la ventana de la habitación que tengo durante este trimestre en el colegio se ve la Cruz del Sur. Me pregunto si la ha visto usted. es una constelación preciosa, y cuando estoy harta de todo por la noche, después del día entero en el colegio, la contemplo y me anima muchísimo. He tenido la suerte de ver tanto la Cruz del Sur como la Estrella Polar, pero ahora prefiero nuestra Cruz del Sur.
No quiero que interprete como decepción mi descubrimiento de que usted vivía aún. De hecho, fue todo lo contrario, pues es mucho más bonito que nuestros científicos preferidos de la historia estén vivos que saber que murieron hace un siglo. Sigo preguntándome cómo es que el espacio es infinito, pero me animó mucho que me dijera que un día entenderé la teoría del espacio curvo. Casi había perdido las esperanzas de entenderla. Me han dicho que hay que tener conocimientos avanzados de astronomía y matemática para estar de acuerdo con esas afirmaciones. Me temo que desde un punto de vista teórico, mi astronomía está a la par de las mates. Por el momento es así. Espero mejorar en las dos algún día.
No hay ninguna novedad en el colegio, salvo que ganamos [contra otro colegio] en hockey el sábado pasado. Gracias de nuevo por su carta y firma.
Le saluda atentamente,
Tyfanny
Para Tyfanny, octubre de 1946
No me importa que seas una chica, pero lo más importante es que no te importe a ti. No hay motivo.
Tomado del libro "Querido profesor Einstein"
Alice Calaprice, Editorial Gedisa pag.138
ISBN: 84-7432-878-0
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Ahora comparto con ustedes una pieza exquisita de la literatura universal y sudamericana, escrita por Rafael Courtoisie y publicada en una la antología Cuentos de Hispanoamérica en el siglo XX en 1997. Recientemente se presentó en Chiapas (ganador del Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines) invitado para el 2do. Encuentro Internacional de Letras Jaime Sabines 2008.
Lectura en la propia voz de Rafael Courtoisie
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Nací en Esparta hace casi tres mil años. Viví exactamente treinta minutos desde que salí del vientre de mi madre, que también se avergonzó por haber engendrado un hijo tan débil.
El cirujano que me examinó y la partera coincidieron en el mismo juicio: yo no era digno de ser un ciudadano de Esparta. Mi complexión menuda, mis huesos quebradizos, las arrugas de mi piel que al nacer parecían las de un viejo, con arborescencias de pequeñas venas rotas en el dorso de las manos minúsculas, y una transparencia no humana de piel de pescado, de delgada membrana de renacuajo, contribuían al grotesco espectáculo. Nací débil.
Hasta mi madre se avergonzó de mí cuando me vio: "Yo fui hecha para parir hombres, no ranas".
Viví poco más de media hora. Treinta minutos escasos, que transcurrieron entre las gruesas y ásperas palmas de las manos de quienes me examinaron con desprecio porque no era apto para pertenecer a su casta de guerreros.
Pasé esos minutos, mi ración escueta de vida sobre la Tierra, en medio de llantos y voces destempladas. El médico designado por los ancianos para decidir sobre las aptitudes de los que nacían, me tuvo apenas segundos entre sus gruesos dedos que me parecieron leñosos, cubiertos de callos de corteza y extremadamente duros, sin una gota de savia. En vano busqué el seno de mi madre, que me rechazó desde el primer hasta el último momento.
Mis hermanos, mis compañeros de generación, nacieron fuertes y musculosos, con huesos duros y flexibles que resistirían las caídas y los golpes con la parte plana de la espada. Ellos, y sólo ellos, nacieron dignos de llevar el escudo con el dibujo de la abeja.
Sus musculosos torsos, sus piernas gruesas y ágiles hace ya muchos siglos se pudrieron bajo el peso del olvido. Sus brazos poderosos, sus terribles glándulas, desaparecieron. Yo morí enseguida, a la media hora de nacer. No llegué a conocer la luz del día, puesto que nací de madrugada y antes de que el sol despuntara fui lanzado al barranco de los niños débiles, al abismo de los inútiles y los faltos de temple, a la ciudad fantasma de los miserables inocentes de Esparta, que no merecieron oportunidad sobre la Tierra.
Yo hubiera querido escribir un largo poema. Un poema duro como las rocas que golpearon contra mi cara de recién nacido, en Esparta. Un poema con filos de silicio y uñas de piedra que se metiera en las carnes, que quebrara el destino como se quebraba la caliza cenicienta de mis huesos endebles como esponjas, el temporal inestable de mi cuerpo.
Yo no tuve cimientos, ni fui construido para durar. Antes del amanecer del primer día de mi vida yacía en el fondo de un barranco y era el almuerzo insípido de las arañas, una ración más con bracitos y piernas en el comedero de los cuervos.
Ni mi padre, cuyo escudo guerrero hace ya mucho tiempo que ha desaparecido bajo el océano de los días, vio mi cara delgada que salía del vientre de mi madre y se hundía en la vida sólo por un momento. Mi padre musculoso, flexible como un junco, glorioso de una gloria caduca, puesto que ya hace siglos nadie recuerda su nombre, no se dignó a verme.
Yo no fui. No tuve nombre. Tengo los nombres de los lanzados en aquel barranco de Esparta. Mi único nombre es el del rescoldo, no el del incendio. No queda nada de mí más que lo poco que pude ser: minutos bajo la sombra de la noche. Por eso he venido. Por eso tengo este espacio breve de papel en el que volver en la mano de otro que me escribe.
Yo he durado. Mis hermanos, los fuertes, se pudrieron hace mucho y el artificio de su tórax prevenido, de su guardia feroz no alienta nada. Han sido.
Yo soy. Muerto en Esparta hace casi tres mil años, con un soplo de vida. Vuelvo en este papel y en este idioma extraño porque yo, el débil, no conocí idioma alguno. Nonato para el sonido articulado y para el amor de las mujeres. Sólo conocí la madurez del grito ronco en la reprobación, el temprano gruñido del aborrecimiento en la mueca de las bocas, no el beso. La mano me escribe y soy ahora.
Hay un río incesante hecho de los cadáveres de los poderosos, el río de los fuertes que caen a cada momento, las caliginosas aguas de los que quieren vencer.
Yo estoy en las tierras altas, lejos de esas orillas. Y permanezco.
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Este 30 de octubre tuve la oportunidad de asistir y grabar la lectura que realizó el escritor Chiapaneco Eraclio Zepeda en el auditorio del campus de Humanidades de la Universidad Autónoma de Chiapas, pueden escuchar la misma en www.archivosonoro.org
Acerca del maestro Eraclio Zepeda
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1937. Trabajó en Cuba en la Universidad de Oriente y Escuela de Instructores de Arte; fue corresponsal de La voz de México en La Unión Soviética y en la República Popular China fue profesor en el Instituto de Lenguas Extranjeras de Pekín. Fue, entre otros cargos, Director General de Radio UNAM y Embajador de México ante la UNESCO. Como actor ha participado en Reed, México insurgente, de Paul Leduc (Premio de la crítica francesa 1972), en el papel de Pancho Villa; en Campanas rojas, de Serguei Bondarchuk, 1982, con Franco Nero y Úrsula Andrews, nuevamente en el papel de Villa, y De tripas corazón, de Fernando Urrutia, con Gael García Bernal, cortometraje nominado al Óscar en 1997.
Ha publicado cinco títulos de poesía. Sus libros de cuentos Benzulul, Asalto nocturno y Horas de vuelo, tienen constantes reediciones y han sido traducidos al polaco, italiano, alemán y francés, además de figurar en antologías en otros idiomas. Es autor de cuentos infantiles como Ratón que vuela, Un tango para Hilvanando y El pájaro feo. Actualmente escribe una zaga familiar en el marco histórico de Chiapas, las dos primeras novelas de esta tetralogía, Las grandes lluvias y Tocar el fuego aparecieron en 2006 y 2007.
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MTV ha sustituido la emisión de vídeos por la emisión de realities
La reducción de presupuesto en el mundo del videoclip lleva a los grupos a pedir a sus fans que hagan sus vídeos oficiales. A veces se les ofrecen unos miles de euros, donde antes se gastaba un millón, y a veces solo se les da un regalo. Coldplay han sido los últimos en optar por esta opción.
Noticia completa en soitu.es
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El pasado 27 de octubre inició el 2do. Festival Internacional de Letras Jaime Sabines, en esta edición se presentó en el Teatro de la Ciudad Emilio Rabasa de Tuxtla Gutiérrez en Chiapas se presentó Carlos Monsiváis para leer un ensayo acerca de la obra poética de Jaime Sabines.
“En 1950 a sus 24 años de edad Jaime Sabines nacido en Tuxtla Gutiérrez publica Horal, lo más fertil y logrado de los grandes de los primeros libros de los grandes poetas de la lengua española…
... uno no alcanza a entender porqué no fue recibido este libro (Horal) con el entusiasmo que merecía y merece, yo lo leí en 1954 me gustó pero del modo confuso que uno le gusta lo que cree que va a entender algún día, después he vuelto a leerlo y me pregunto ¿Dónde estaba? que no ví su grandeza, pero a un jóven de 16 años que yo tenía puede perdonársele algo a la crítica que no entendió ese poema también”
Pueden escuchar o descargar el mp3 de esta conferencia en Archivosonoro.org
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En el debate presidencial en Estados Unidos entre Obama y McCain un fotografo de REUTERS capturó la siguiente escena:

"El Candidato a la presidencia de EU el senador John McCain reacciona en el momento de equivocar el camino después de estrechar la mano del candidato democrático senador Barack Obama" - Octubre 15 de 2008. Fotografo Jim Bourg de REUTERS
Las reacciones en internet no se han hecho esperar, justo al llamado de un concurso de Photoshop para ridiculizar al nada agraciado candidato John McCain:







Más Photoshop
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Imposible no dibujar una sonrisa al ver esto:
Air Art from flip on Vimeo.
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Qué pasa cuando de pronto observas que te haz quedado sin dinero.


Más fotos
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